jueves, 23 de abril de 2015

10 ADAPTACIONES MALDITAS: DEL "NOSTROMO" A "EN BUSCA DEL TIEMPO PERDIDO"

INTRODUCCIÓN

Inicio hoy un post que es flor de un día. Y, como las flores de un día, espero que su aroma perdure. Sí, ya sé que no es original aprovechar el Día del Libro para escribir algo ad hoc, pero, ¿qué quieren que les diga? Me apetece. 
No será un post sobre grandes adaptaciones de grandes novelas, ni tampoco adaptaciones que fueron un fiasco. Me decanto por, simplemente, adaptaciones que nunca fueron y que a uno le hace chiribitas el cerebro al pensar lo que podían haber sido. Anhelos, sueños y, en algunos casos, obsesiones, que se quedaron en el tintero, bien por falta de presupuesto, bien por la muerte del director antes de iniciarse o terminarse el rodaje. Prepárense para un ejercicio de imaginación, fantasía y ternura. 


1. EL "NOSTROMO" DE DAVID LEAN

En la época de la dominación española, y por muchos años después, la ciudad de Sulaco —de cuya antigüedad da testimonio la lujuriante belleza de sus huertos de naranjos— no había tenido nunca más importancia comercial que la de un puerto de cabotaje con un tráfico.

Así comienza la magistral Nostromo, de Joseph Conrad. El escritor y marino anglo-polaco fue, él mismo, un director de cine en esencia. Sus narraciones están llenas de movimiento. La acción fluye. Los personajes toman decisiones. No es de extrañar que muchas de sus novelas hayan sido adaptadas al cine. Véase Apocalypse Now, que adapta la maravillosa El Corazón de las Tinieblas, o la versión cinematográfica de Lord Jim que dirigió Richard Brooks en 1965.   

Sin embargo, el Nostromo nunca se llevó a la gran pantalla. Principalmente porque David Lean falleció antes de lograrlo. Adaptar la novela de Conrad era una obsesión para el genio británico. Lean lo tenía todo apalabrado: se rodaría en Almería, con guión de Robert Bolt (guionista, por ejemplo, de Doctor Zhivago), fotografía de José Luis Alcaine, y con Peter O'Toole, Marlon Brando (al fin Lean trabajaría con Brando) y Fernando Rey en los papeles principales. 


Entonces, ¿Qué pasó para que Lean no consiguiera rodar Nostromo? Pues el empecinamiento de las compañías aseguradoras, que no quisieron asegurar el rodaje debido a la mala salud de Lean. De hecho, una neumonía se lo llevó un año después de haber iniciado el proyecto. Ni siquiera la decisión del director inglés de invertir todos sus ahorros en la película pudieron salvarla. Y la humanidad se quedó sin, seguro, una obra maestra.


2. EL QUIJOTE DE TERRY GILLIAM

La adaptación de Don Quijote por parte de Terry Gilliam no es, en puridad, un proyecto fallido. El director de Minnesota intentó el año pasado por séptima (!!) vez el rodaje de su proyecto maldito. En este caso, John Hurt es Don Quijote y Johnny Depp (!!) es Sancho (supongo que sin panza). Me temo que El Quijote de Gilliam nunca saldrá a la luz.

Cuando más cerca estuvo Gilliam de plasmar su proyecto en imágenes fue en el año 2000. El director consiguió una financiación de 32 millones de dólares y comenzó el rodaje en Madrid, Aragón y Navarra. Jean Rochefort sería Don Quijote. Sin embargo, estas son sólo algunas de las calamidades que soportó el rodaje:
-Los cazas procedentes de la base aérea de las Bardenas Reales no dejaban de sobrevolar el set.
-Los continuos cambios de luz hacían impredecible el rodaje.
-Una tormenta destruyó parte del set y dañó varios aparatos.
-A Jean Rochefort se le diagnosticó una hernia de disco por sus esfuerzos al bajar y subir del caballo.

El desquiciante rodaje se plasma en un estupendo documental: Lost In La Mancha.



No sólo los infortunios frustraron el proyecto. Las excentricidades de Gilliam, con sus eternas y continuas reescrituras del guión, terminaron por cabrear a los productores (curiosamente, la productora se llamaba Nostromo). Sin embargo, hubiese sido magnífico gozar de la visión de Gilliam del personaje por antonomasia de la literatura española. Un personaje muy de Gilliam, siempre caminando sobre el alambre de la locura. Además, la película combinaría continuos saltos en el tiempo. Gilliam promete estrenarla (ahora sí) en 2016. ¿Se lo creen? Yo espero con fruición ese momento.


3. EL EMBRUJO DE SHANGHAI DE VÍCTOR ERICE

La adaptación de la novela de Juan Marsé se iba a titular La Promesa de Shanghai, para diferenciarla del clásico de Von Sternberg. Andrés Vicente Gómez le encargo al genio vizcaíno la realización del guión en 1994. En 1997, Erice aún no había terminado. En uno de los casos más flagrantes de ignorancia y mercadotecnia, Gómez le arrebató el proyecto a Erice para ortorgárselo a su amigo Fernando Trueba, al que claramente el lirismo de la novela de Marsé le venía grande. Así quedó la película...



Queda para la imaginación  lo que podría haber sido la película de Erice. Hubiese sido su cuarto film (y último, hasta la fecha). Y es que Erice no hace cine, sino un magistral compendio de artes, un fascinante collage repleto de libertad artística, preciosismo estético y ritmo narrativo incomparable. El proyecto de Erice hubiese durado tres horas. Demasiado para mentes como las de Gómez y Trueba. Además, la historia de unos niños embelesados por las aventuras de un viejo maqui en la Barcelona de posguerra se ajusto como guante en mano al universo personal de Erice, que rodó algo parecido en El Espíritu de La Colmena.


4. MERIDIANO DE SANGRE,  DE RIDLEY SCOTT

Confieso que amo a Cormack McCarthy. Pido el Nobel para él, aunque sé que nunca se lo darán. Me gusta su rabia y su brutalidad. Me gusta cómo consigue que nos identifiquemos con personajes detestables. Me gusta su truculencia. Y no me gustan nada las adaptaciones al cine que se han hecho de sus novelas. Aquello de No es País para Viejos era infumable. Y qué decir de La Carretera

Por eso me hubiese gustado ver Meridiano de Sangre, quizá la mejor novela de McCarthy, adaptada por Ridley Scott.  La historia de un grupo de mercenarios que se dedica a eliminar indios es carne de cine. ¿Cuál fue el error de Scott? Anunciar que su película tendría altas dosis de terror, algo que la productora consideró que espantaría (aún más) al público. 

Resulta que James Franco quiere ahora resucitar el proyecto. Me parece de demasiada envergadura para un realizador tan novel. 


5. EL CORAZÓN DE LAS TINIEBLAS DE ORSON WELLES

Otra vez Conrad y otra vez El Corazón de las Tinieblas. Si Coppola trasladó la acción a la guerra de Vietnam en un film lisérgico y salido de madre, Welles quería ser fiel a la novela. Ya saben, el viaje psicológico del capitán Marlowe, que navega por el río Congo en busca de Kurtz, un traficante de marfil. 

El Corazón de las Tinieblas hubiese sido la primera película de Welles. La RKO había dado el visto bueno. Él mismo interpretaría a Marlowe. Sin embargo, las pretensiones de Welles, que quería basar la película en tomas subjetivas desde la barcaza y en una voz en off, echaron para atrás a los productores. No fue ese, sin embargo, el detonante de la suspensión del proyecto. La novela de Conrad, que narra la colonización y exterminio de las tribus africanas de las orillas del Congo, les sonó demasiado fascista a los productores en pleno ascenso de Hitler. 


6. DUNE, DE ALEJANDRO JODOROWSKI

La psicomagia, el surrealismo, la patafísica... el chileno Alejandro Jodorowski es una de las mentes más lúcidas del siglo XX. Su universo casaba a la perfección con una obra no menos surrealista: Dune, de Frank Herbert. 

La traslación de una sociedad feudal en el siglo 2020 debía tener una adaptación cinematográfica acorde a tan deliciosa aberración. Jodorowski se puso manos a la obra después de que una voz le dijera en sueños que estaba predestinado a rodar la película. El elenco iba a ser de órdago: el dibujante Moebius realizó el storyboard y se hubiese hecho cargo del vestuario. 


H. R. Giger, creador de la mítica nave Nostromo (un nombre recurrente en nuestro repaso...) de Alien, diseñaría los decorados. Pero no acaba ahí la cosa. Orson Welles interpretaría al Barón Harkonnen y, agárrense, Salvador Dalí hubiese sido el Emperador de la Galaxia. Para rematar, Pink Floyd hubiese compuesto la banda sonora. 

Tanto despiporre comenzó a engrosar el presupuesto hasta que se desbordó y, por tanto, la productora desechó un proyecto que podría haber sido uno de los hitos de la ciencia ficción.


7. CITA CON RAMA DE DAVID FINCHER

David Fincher es, junto a Darren Aronofsky, el mejor director que haya dado Hollywood en los últimos años. Noqueó al personal con la gigantesca Seven. Su carrera fue in crescendo hasta que tuvo ínfulas de genio. Así que quiso llevar al cine nada menos que Cita con Rama, de Arthur C. Clark, una de las cimas de la literatura de ciencia ficción. 

El argumento se las trae: a mediados del siglo XXI un asteroide que se acerca a la Tierra es detectado por los radares. Unos astronautas viajan hacia él para interceptarlo y descubren que, no sólo es una construcción extraterrestre, sino que contiene un universo paralelo. Tela marinera...

Fincher quería gastarse 165 millones de dólares en la película. Demasiado para las (terrenales) productoras del star system que no quieren gastarse ese dineral en una película existencial. 

Fincher, por cierto, también vio frustrada (de momento) su intención de adaptar 20.000 Leguas de Viaje Submarino. Lo que decimos: ínfulas de genio. 


8. EL MANANTIAL DE MICHAEL CIMINO

Si a Fincher se le fue la pinza después de sus primeros éxitos, qué decir de Michael Cimino. El Cazador fue la gran sensación del nuevo cine americano (aunque le sobre la mitad de la película) y Cimino comenzó a ser considerado una estrella. Así que no se le ocurrió otra cosa que adaptar la novelaza de Ayn Rand El Manantial. Pero, si ya hay una versión y es una obra maestra, ¿por qué hacer otra?


                             


La historia de Howard Roark, un arquitecto, un creador libre, que quiere transformar la sociedad con su arte y lucha contra los poderes establecidos, fue llevada al cine por King Vidor en 1949. Con una Patricia Neal más bella que nunca, y un Gary Cooper sorprendentemente creíble, la película como la novela, es abrasadoramente intelectual, riquísima en su mensaje. No hacía falta hacer otra. Esta es insuperable.

Aún así Cimino, en plena megalomanía, se atrevió a escribir un guión... que se quedó en un cajón. Él mismo se encargó de autodestruirse rodando La Puerta del Cielo, un western de 4 horas de duración que supuso un leñazo en toda regla y el fin de su carrera. No es que me alegre, pero al menos la de King Vidor sigue siendo la única y enorme versión de El Manantial.


9. HAMLET DE ALFRED HITCHCOCK

Sí. Es cierto. Hitchcock quiso hacer una versión moderna de Hamlet. ¿Suena bizarro, verdad? Quizá porque lo sea. El genio del suspense (y de muchas otras cosas) contaba con Cary Grant para hacer de rey de Dinamarca... en el Londres del siglo XX. Hitchcock llegó a describir su proyecto como un "drama psicológico" (obviamente) y se deslizó que Grant//Hamlet acudiría asiduamente a un psicoanalista en cuyo diván declamaría el eterno soliloquio. 

Sin embargo, las chanzas de la prensa tras la filtración del proyecto hicieron ver a Hitchcock que rodar Hamlet (en realidad, llevaba el título provisional de La Vida de Keir Hardie) podría ser un accidente demasiado grave en su carrera. Además, un tal Irving Fiske, que había leído las intenciones de Hitchcock en la prensa, demandó al director por plagiar una obra suya: Hamlet en Inglés Moderno. Para evitar incluso una pérdida considerable de dinero, Hitchcock desechó el proyecto. Lástima, ¿verdad?


10. EN BUSCA DEL TIEMPO PERDIDO, DE VISCONTI

Y, para rematar, la repanocha. Adaptar no una novela, sino un conjunto de novelas. Eso es lo que quiso hacer Luchino Visconti con la monumental obra de Marcel Proust, inabarcable casi por la imaginación, como para que el ojo pudiese asumirla. Una locura que, no obstante, obsesionó al director de El Gatopardo. Visconti se pasó diez años siguiendo las huellas de Proust en París y Normandía. Aseguró tener un guión y afirmó que la película duraría cuatro horas. Greta Garbo, Silvana Mangano y Helmut Berger serían los protagonistas. Ningún productor en sus cabales aceptaría tamaño desafío y, muy probablemente, la ruina. 

Sin embargo, Visconti llegó al final de sus días creyendo fervientemente que el proyecto era viable... que En Busca del Tiempo Perdido sería su canto del cisne. Se equivocaba...

jueves, 9 de abril de 2015

CRÍTICAS (XI): "PRIDE", DE MATTHEW WARCHUS

Pride. Reino Unido. 2014. 119 minutos. Dirección: Matthew Warchus. Reparto: Ben Schnetzer (Mark); George MacKay (Joe); Paddy Considine (Dai); Dominic West (Jonathan); Andrew Scott (Gethin), Imelda Staunton (Hefina); Bill Nighy (Cliff); Faye Marsay (Steph). Guión: Stephen Beresford. Música: Christopher Nightingale. Fotografía: Tad Radcliffe. Montaje: Melanie Oliver. Dirección Artística: Andrea Matheson, Mark Raggett & Liz Griffiths. Vestuario: Charlotte Walter. Color. 





INTRODUCCIÓN

En 1982 Margaret Thatcher mandó sus tropas contra Argentina para conservar el dominio británico de las islas Falkland, Malvinas para los castellanoparlantes. En el alborear del verano de 1984, Margaret Thatcher envió sus tropas para sofocar la huelga de los mineros galeses y escoceses. El cerebro de Maggie funcionaba así. Ante la crisis de imagen, crear un conflicto en un lugar en pleno Atlántico o en la periferia del terruño contra gentes que, en realidad, al inglés medio le traen sin cuidado: argentinos, galeses o escoceses. Y, si son mineros, ni les cuento... 
Pride pasa de puntillas por la huelga minera, durísimamente sofocada por el gobierno, y se centra en la historia real de la colaboración entre un grupo de gays y lesbianas del Soho, todos muy chic, y los mineros de un pueblo del sur de Gales. Quiere hablar la película de la peor de las discriminaciones: la que tiene su origen en la piel. No me refiero al color, sino a lo glandular, a lo aparente. No se discrimina a los gays por sus tendencias sexuales, sino porque son considerados "sucios". No se discrimina al minero por su trabajo, sino porque éste es desarrollado con las manos, algo que no acaba de gustar a los pulcros y melifluos. Los mismos que se han inventado el término "perroflauta" para las gentes que salen a la calle a reclamar sus derechos. ¿Es el término fruto de esas reivindicaciones? No. ¿Lo es por la manera de vestir? Diría que sí. Las discriminaciones son así de fáciles.
Sin embargo, aunque el magma original sea bueno, la película se queda en nada. Tiene dos problemas esta película: el primero es que da la sensación de que el director no se toma en serio la esencia de la historia. El segundo es esa tendencia tan desagradable de revestir de "buenrollismo" hechos dramáticos en forma o fondo. Desagradable es el término primero me viene a la cabeza, aunque podría utilizar una decena más. 


QUÉ BONITO TODO

Como ocurre con todas las películas, Pride puede verse desde diversas ópticas. Si tiene digestiones pesadas, la película es ideal para un tránsito intestinal apacible. Molesta poco y, como comedieta, se deja ver. Para librarse del diminutivo, no obstante, debería someterse a la arquitectura de las comedias con mayúsculas: no hay nada más trágico que una comedia. La comedia es miserable, ruin, debe despellejar a los personajes, no es complaciente y mucho menos autocomplaciente. Y, además, hay que saber cuándo colar el chiste y, más importante aún, calcular cuánto tiempo se reirá el público. Si se suelta un chiste y se sigue hablando de continuo, las risas no dejarán oír parte del diálogo. En suma: la comedia es el arte de hacer fluir la acción, algo que Pride no consigue. Como dije antes, da la sensación de que Matthew Warchus, prestigioso director teatral en Gran Bretaña, hubiese querido hacer algo más serio con un tema que se las trae. Da el tufo la película de que la productora metió la mano, el brazo y el codo para seguir la estela de The Full Monty o la magnífica Tocando al Viento
La película empieza con un homenaje a Tiempos Modernos, de Chaplin, con ese joven timorato al que incluyen casi a la fuerza en la manifestación a favor de los gays y lesbianas. A partir de ahí, lo que podría haber sido una película instructiva y reivindicativa se convierte en una concatenación de estereotipos. Todo es manido: los gestos, las frases... todo predecible. Todo suena a juego y a artificio, a pesar de que la película se base en una historia real. Con decir que de un hecho histórico como la unión de gays, lesbianas y mineros para enfrentarse a Thatcher, permanecerá este baile rayano en el histerismo...


                                 


Es todo tan chiripitifláutico...


TRASFONDO INQUIETANTE

Sin embargo, como todas las películas, Pride también tiene un trasfondo, en este caso inquietante. En los títulos podemos advertir que la película está financiada por la Lotería Nacional británica, un órgano con no poco poder en las islas. Si uno hila fino, esa huella del gobierno conservador se nota en la película. Hay algo de rancio en todo el metraje. Un mensaje sibilino, algo así como que cualquier lucha política está bien como diversión, si quieren contárselo a los nietos (nunca mejor dicho en este caso) pero, miren, esto de ir contra las normas es algo de gente rara y excéntrica. No merece la pena. Siempre se pierde. Un tufillo retrógrado que ni la interpretación a coro del Bread and Roses, uno de los himnos del movimiento obrero, consigue mitigar.


                                   


No me gusta ese trasfondo neopijo. Tampoco ese final, que no voy a contar, pero que es tan meloso que asusta. Y tampoco que en películas basadas en hechos reales se cuente, como apostilla, qué fue de la vida de los protagonistas. Diablos, esto es cine: cuéntelo, hombre. Que lo veamos. 

En fin. Le alabo el gusto, al menos, al director o a quien haya sido el responsable, de introducir una de mis canciones preferidas de siempre, What Difference Does it Make, de los Smiths. Me rebela más una nota de la áspera guitarra de Johnny Marr que todo el metraje de Pride.


                                 



COROLARIO

Me ha costado un triunfo escribir mi opinión sobre Pride. No es fácil escribir sobre algo visto miles de veces. Les aconsejo hacer todo lo contrario a lo que se cuenta en la película. Después de todo, usted es la revolución.



viernes, 6 de marzo de 2015

50 AÑOS DE UNA OBRA MAESTRA: "DOCTOR ZHIVAGO", DE DAVID LEAN



INTRODUCCIÓN

No hay revoluciones tan violentas como las que se desencadenan en la mente. No hay guerras tan sangrientas como las que se declaran entre el individuo y el mundo. Yuri Andréyevich Zhivago combatió en varias y... ¿perdió? Sí, puede decirse que perdió, pero se impuso en varias bellas batallas. Como médico, curaba el cuerpo. Como poeta, curaba almas, y la suya sobre todo. Doctor Zhivago es una historia de dualidades. El número 2 la domina: guerra//paz. Cuerpo//alma. Tradición//revolución. Pasado//futuro. Búsqueda//hallazgo. Imposición (Tonia)//libertad (Lara). El drama de Zhivago es su incapacidad para unificarlo todo y vivir una vida completa. Su itinerario es el amor: va desde la insensibilidad hasta el delirio. Y su arma, su poesía. En realidad, parece que la película de Lean se basa más en los poemas que escribe Zhivago, que apostillan la novela, más que en la obra en sí de Pasternak. 
Pasternak. Un poeta extraño Pasternak. Traductor (sobre todo de Shakespeare), filósofo... sus textos dan la sensación de estar escritos por un eremita, por alguien que viva aislado del tráfago mundano y se alimente de naturaleza. Pasternak: adepto a la Revolución, terminó en un gulag, humillado por sus ex camaradas e insultado por Jrushchov, que lo tachó de "oveja sarnosa", entre otras lindezas. Y todo por escribir Doctor Zhivago, Un canto a todo lo que subyace al en ocasiones alienante colectivismo. Una obra que canta al amor en una sociedad en guerra. Una obra que aboga por que la única revolución válida es la individual y el único dogma, el propio. Repudiado, tuvo Pasternak que editar su obra magna en Italia. En la URSS no se publicó hasta 1988, 31 años después de su primera edición. El Soviet Supremo le obligó a renunciar al Nobel, que se le otorgó sólo por Doctor Zhivago en una maniobra cuestionable de la Academia Sueca, todo hay que decirlo. Cuatro años más tarde estallaría la Crisis de los Misiles. 
David Lean también era una persona extraña. Arisco, turbulento, abrupto... un genio. Quizás el mejor director de cine de todas las épocas. Tiene una rara cualidad: no aburrir, a pesar de que sus películas, en ocasiones, sobrepasan de largo las tres horas. Hay que recordar que Lean era, en origen, montador. Creador de películas colosales en todos los aspectos, Lean conseguía una profundidad psicológica que convertía a sus personajes en iconos. Pocas veces se ha amado en la pantalla, bien a un hombre, a una mujer o un ideal, como en las películas de David Lean. 
Así que si se une el talento de uno y de otro, no es extraño que nazca una obra eterna como Doctor Zhivago, que cumple medio siglo de vida. 


EMOCIÓN

He pensado muchas veces en qué es lo que hace que amemos una película: ¿el mensaje? ¿los efectos? ¿que nos entretenga? No sé. En mi caso, una película debe emocionarme. Y, diablos, Doctor Zhivago me emociona desde los créditos hasta esa magistral escena final. ¿Cómo lo hace David Lean? No tengo ni idea. ¿Cómo conseguir que una escena que dura dos minutos y diez segundos, combinando dos planos, uno gran general y otro medio, no aburra? No tengo ni idea.


                                


Doctor Zhivago fue pergeñada para salvar a la Metro de la ruina. Carlo Ponti pujó hasta dejarse los hígados por los derechos. Había ahí un material que, bien hilado, podía ser una bomba en taquilla y, por qué no decirlo, un aldabonazo ideológico en tiempos de la Guerra Fría. Lo que iba a ser una película a lo grande, rodada en la URSS, con Paul Newman como Zhivago, Sofía Loren como Lara, Marlon Brando como Komarovski y el propio Omar Shariff como Pasha, terminó rodándose en Canillejas y Soria, y con un elenco antitaquilla. Omar Shariff fue Zhivago (no se puede imaginar a otro actor en ese papel). Tres veces a la semana tenía que someterse a sesiones intensas de maquillaje para disimular sus rasgos egipcios y que pareciese ruso. Julie Christie fue Lara. Una actriz inglesa que ese mismo año ganaba el Oscar por Darling, moderna y muy swinging London. El gran Rod Steiger fue Komarovski, en el mejor papel de su carrera. Tom Courtenay fue Pasha. Donde no hubo discusión fue en la elección para el hermano de Zhivago: Alec Guinness, el actor de cabecera de Lean hasta que una discusión apocalíptica los separó para siempre. 
Y, aún así, Doctor Zhivago fue un bombazo. ¿Por qué? Por el toque Lean.

EL TOQUE LEAN

David Lean tuvo siempre dos cualidades para ser un maestro del cine: desconfiar de la humanidad y la astucia de rodearse de los mejores. Como Freddie Young, uno de los grandes directores de fotografía de la historia del cine. Lo que hace en Doctor Zhivago es para llorar, sinceramente. Cómo fulguran los ojos de Julie Christie en esta escena. Cómo está iluminado todo. 


                                 

Luego está John Box, director de arte y que creó, nada, Moscú en Canillas y Varykino en Soria. Nada, vamos. Maurice Jarre a la partitura, creando una obra maestra de la música de cine y en la que nos detendremos más tarde. Y la adaptación de Robert Bolt, un guionista excepcional, que transformó una historia de amor en plena guerra en una guerra en plena historia de amor.
Y luego están Lean y su toque. Técnica y táctica. Técnica: nadie sabe colocar mejor la cámara. Quizá Ford, Hawks, Wilder o Eastwood se le acerquen. No Spielberg, gran planificador, pero que siempre ha tenido dos problemas. Uno: querer ser Walt Disney. Dos: querer ser David Lean. Pero Lean, querido Steve, sólo hay uno. Supera esto:


                                 


No se puede rodar mejor, sinceramente. Travelling corto. El manejo de la grúa. Esto es muy difícil, créanme. El comienzo de Doctor Zhivago no es sólo lo mejor que ha rodado nunca Lean, sino quizá de lo mejor que se ha rodado jamás. 
Táctica: ser un cerdo con pintas en el plató. Famosos son sus exabruptos, legendaria su etiqueta de negrero, de misógino (ay, Lean y las mujeres... ése sí que es un reportaje) y de déspota. Pero... funciona. 
Hace cinco años tuve la ocasión de entrevistar a Omar Shariff (aquí voy a hacerme propaganda. Ya sabrán disculparme).


Y, si leen el artículo, ya ven cómo pone a David Lean. "Usted póngase aquí y no actúe", le decía. Claro, no sabía Shariff que el director inglés rueda como nadie esa especie de revelaciones que nos susurran por dónde ir, qué camino tomar o cuál no tomar. Esas epifanías que tejen nuestras vidas. 


                               


Cuentan, y cuentan bien, que esta escena está rodada más de veinte veces. ¿Por qué? "Para que los personajes parezcan cansados y enfadados, que es en realidad lo que necesito", contestó Lean. 


                                




EL ROSEBUD DE ZHIVAGO

Pero, ¿qué cuenta Doctor Zhivago? La novela nos narra las vicisitudes de un poeta en un periodo de guerras: la Primera Guerra Mundial, la Revolución Rusa y la Guerra Civil. La película es, en realidad, la historia de una balalaika. La balalaika que le deja su madre en herencia. La balalaika que Zhivago le regala a Lara cuando se separan. Y la balalaika que pertenece a una joven trabajadora de una central hidroeléctrica y que el hermano de Zhivago, un alto comisionado (vamos, de la KGB), sospecha que es la hija de Yuri y Lara. En ese final de antología del cine, todo cobra sentido. Sólo por el roce de una cuerda de la balalaika sobre el talle de la joven. Esa balalaika que es el Rosebud de Zhivago.


                                   


Y es que da la sensación de que la película está rodada al revés. Como si el entierro con el que comienza la película fuese, en realidad, el de Zhivago. Como si la relación con Lara fuese una ensoñación. Como si Zhivago hubiese quedado prendado de Lara en esa escena brutal en la que dispara a Komarovski y fantasease luego con ella. Da la sensación, en suma, de que Lara no existe, de que la película es la puesta en escena de un poema interminable, con Lara como tema central. 
Esa es la grandeza de la película. No que la vida se le volteé a Zhivago, sino que toda la belleza y el dolor que le provocó esa imagen de Lara se conviertan en una fuerza vital que guía, como un recuerdo imborrable, toda su vida. 


EL RODAJE

La burocracia y la Guerra Fría impidieron que Doctor Zhivago se rodase en la URSS o en Yugoslavia, las dos primera opciones de Carlo Ponti. Así que, por lo asequible de los precios, se rodó en España. John Box dirigió un tour de force que duró un año y medio. Se construyó Moscú en las calles de Canillas (Madrid), y Varykino, la villa de la familia burguesa de Zhivago, en Candilichera, provincia de Soria. De hecho, lo primero que ve Zhivago en ese interminable viaje en tren cuando llega a Varykino es el pueblo soriano de San Leonardo.
El gran (y paisano) Gil Parrondo participó como asesor en la película. No aparece en los créditos y, por ende, no obtuvo su tercer Oscar (Patton y Nicolás y Alejandra son sus dos estatuillas). Un camelo, porque de él es la idea de la alucinante Varykino. Se inspiró el director de arte llanisco en una casa abandonada que vio en el monte. "Los cristales estaban rotos y la nieve había entrado en la casa. La imagen era bellísima". Y así, en efecto, es Varykino.


                                   


Así recuerda Parrondo el rodaje de Doctor Zhivago.



LA MÚSICA

Pueden no haber visto la película. Pueden no saber ni quién es David Lean, ni Maurice Jarre, ni Freddie Young, ni John Box. Pero si le silban esto, ¿a que saben continuar?


                                    


Pues, ya ven, el inmortal Tema de Lara, no es ni de Lara ni escrito para Doctor Zhivago. Lean le vino con unas cuantas melodías tradicionales rusas a Jarre para que se inspirase, pero el compositor francés no dio con la tecla. El propio Lean le pagó un fin de semana en los Alpes para que se desbloquease: "Enciérrate con tu novia, haced el amor todo el fin de semana y cuando vuelvas traeme algo". Y ese algo es una de las melodías más hermosas que se hayan escuchado nunca en la historia del cine. Y dedicada a la novia de Maurice Jarre. Luego se le añade la balalaika y ya suena a ruso.

Pero es que la partitura de Jarre es grandiosa. Vendió millones de copias. Yo la tengo en todos los formatos: vinilo, cd e, incluso, en una cajita de música a manivela.

Aquí se la dejo íntegra y en directo, para que lloren un poco. 


                                 



COROLARIO

Doctor Zhivago es el cine. La profundidad psicológica de los personajes, contradictorios como todos nosotros, el montaje, la dirección, la historia... todo. Es pura emoción. Es de una belleza casi dolorosa. Aunque sólo sea por esta escena, es una película que deben ver al menos... seis o siete veces en su vida.


                                  





martes, 24 de febrero de 2015

CRÍTICAS (X): "SIEMPRE ALICE", DE RICHARD GLATZER & WASH WESTMORELAND

Still Alice. USA, 2014. 100 minutos. Dirección: Richard Glatzer & Wash Westmoreland. Reparto: Julianne Moore (Alice Howland); Alec Baldwin (John Howland); Kristen Stewart (Lydia Howland); Kate Bosworth (Anna Howland); Shane McRae (Charlie Howland). Guión: Richar Glatzer & Wash Wetmoreland, sobre la novela homónima de Lisa Genova. Música: Ilan Eshkeri. Fotografía: Denis Lenoir. Montaje: Nicolas Chaudeurge. Dirección Artística: Susan Perlman. Color.




INTRODUCCIÓN

El dolor llega siempre. Da pocos avisos. Quizás un respingo del alma, un fogonazo. Quizás una ligera tristeza que nunca se sabe de dónde viene. El dolor siempre llega. Un día despiertas y sabes que todo ha cambiado. Que la vida ha dicho basta. El dolor siempre llega. Un día de septiembre de 2006, le llegó a Alice Howland. Qué paradoja. Howland había hecho de la comunicación su vida. Una de las lingüistas más respetadas de Estados Unidos, profesora de psicología cognitiva en Harvard (en la película cambian Harvard por Columbia), comenzó a sentir que no podía comunicarse con los demás. Las palabras empezaron a faltarle. Luego, los conceptos. Luego, la memoria. Luego, su vida entera. El alzheimer se la había robado. 
Lisa Genova escribió en 2007 la biografía de Alice Howland. Ella misma lo autoeditó. Alguien lo leyó, la bola fue creciendo y acabó vendiendo millones de ejemplares y traduciéndose a veinte idiomas. Y es que la historia de Alice Howland es el retruécano del dolor. No sólo perdió lo que más amaba, las palabras y la memoria de su madre y su hermana, fallecidas en un accidente de tráfico, sino que además su tipo de Alzheimer es de los más crueles: hereditario. Una de sus hijas, Lydia, terminará por sufrir del mal. Una historia profundamente desgarradora... pero que en la película se queda en la superficie. Quizá por el dolor de uno de los codirectores: Richard Glatzer, él mismo enfermo de esclerosis lateral amiotrófica. No puede hablar y dirigió la película utilizando una aplicación informática que le permitía comunicarse a través de su I-Pad. A veces el dolor es un freno. 


SIEMPRE JULIANNE MOORE

Si nos ceñimos a la faceta meramente artística, y dejamos a un lado la sentimental, ir a ver Siempre Alice es, en realidad, ir a disfrutar de Julianne Moore. A pesar de no firmar su mejor papel, la actriz de Carolina del Norte ES la película. Como es tantas y tantas películas. Por eso llama la atención que los directores de casting de Siempre Alice pensaran antes en, atención: Michelle Pfeiffer, Julia Roberts, Nicole Kidman y Diane Lane. Todas rechazaron el papel, gracias al universo. Por cierto: lo de los directores de casting de esta película es una auténtica broma. Lo de elegir a la crepuscular Kristen Stewart para mantener un mano a mano con Julianne Moore es uno de los grandes fallos de los últimos tiempos. Por ahí tiene la película una vía de fuga importante. 
Debe ser que los responsables de elegir el elenco no vieron a Julianne Moore en Short Cuts, la obra maestra de Robert Altman. Yo lo recuerdo perfectamente. Era 1993 y, ya en pleno delirio ante la calidad de la película, vi aparecer a una pelirroja que en la pantalla era como un jaguar. 


                                     


¿Cómo no enamorarse de Julianne Moore después de verla flotar por la pantalla en actuaciones tan memorables como las de El Fin del Romance o Lejos del Cielo (una de las mejores películas de lo que va de siglo)?

                                     


Sin duda, Julianne Moore es la mejor actriz que ha dado el star system en los últimos veinte años. Polivalente, cercana, salvaje, cutánea. La amiga que siempre quisimos tener en el instituto. 
Así que me imagino a los directores de la película diciendo: "Mire, Moore. Usted muévase por aquí, hable, mire (nadie aguanta los primeros planos como ella), llore", y todo salió solo.


                                       


El personaje progresa gracias a ella: desde una segura, pija, un pelín chula profesora de lingüística en Columbia a una mujer que pierde cualquier contacto con la realidad para reducirse, al final de la película, a un ser humano abandonado, primario, que además sabe, en lo más profundo de su mente, que su hija menor también sufrirá alzheimer. Toda la seguridad de su vida lineal y burguesa se derrumba de manera brutal. Moore es capaz de dar la impresión de haberse ido quitando capas de piel hasta quedarse como menguada, como constreñida en un mundo que ya no entiende. Si la podéis ver en versión original, prestad atención a cómo el torrencial verbo del principio va disminuyendo hasta ser un hilo de voz con la última palabra que se pronuncia en la película: "amor". 
Moore es un ciclón y el resto del elenco tiene que agarrarse a algo para no ser arrastrado por los aires. Alec Baldwin, que no está mal, aparece embelesado con su compañera de reparto durante toda la película. No lo puede evitar. Y la pobrecita Kristen Stewart se pasa la película acongojada por tener que medirse a una actriz en plena forma. 


SIN MEDIAS TINTAS

Siempre Alice es una película mediana. Le falta tensión dramática por la desigualdad de las interpretaciones y por ese aire didáctico que tienen muchas películas norteamericanas cuyos productores se empeñan en dejar claro de lo que se está hablando, bien sea el beisbol, bien la invasión a Irak, bien el alzheimer. Las pruebas a las que se somete el personaje para determinar su mal rozan el documental, y eso frena la acción de la película. 
Sin embargo, hay algo que me gusta, amén de Julianne Moore: el alzheimer, como cualquier enfermedad incurable, es una putada. Se desembarazan los directores de esa falsa condescendencia, de esa falsedad judeocristiana de que el amor puede mitigar la enfermedad. No. Es una putada sin solución y, para rematar, en el caso de Alice, además es congénita. Es duro, pero es así: su marido y dos de sus tres hijos acaban por olvidarse de ella, como ella misma se olvida, stricto sensu, de ellos. Al final solo le queda su hija menor, la que ha dado positivo en los tests genéticos. Lo deja todo para quedarse con su madre, porque en unos años ella misma será su madre.


COROLARIO

¿Por qué el alzheimer? ¿Por qué mueren ciertas células de manera desconocida? ¿Por qué en esta franja de la historia? (mi mente conspiranoica podría ofrecer alguna explicación, pero sería objeto de otro blog). Siempre Alice nos deja esas preguntas. También, para la historia, el diálogo entre la Alice de antes y la de ahora. Ese diálogo a través de una pantalla de ordenador entre la mujer que fue y la que es. Ese alarde de interpretación en una secuencia que es, de largo, lo mejor de la película. 

Al final, comiendo una hamburguesa en el excelso Los Vikingos en pleno paseo del Muro de Gijón, una clienta afirmaba. "Yo Birdman no la entendí". Yo, tampoco.



miércoles, 18 de febrero de 2015

10 BANDAS SONORAS POR LAS QUE AMAMOS A MORRICONE

INTRODUCCIÓN


Érase una vez un trompetista que componía sintonías para programas de radio. Érase una vez un amante del western que soñaba con emular a John Ford. Ambos vivían en Roma y eran amigos. Ambos, con los años, cambiarían el concepto de música para cine y del western, respectivamente. Eran Ennio Morricone y Sergio Leone. 
Leone consiguió conjugar la épica de Kurosawa (el mejor director de "westerns" de la historia) y el desarraigo de Ford para crear un estilo propio e inconfundible. Pero las películas de Leone no serían las mismas sin la música de Morricone. Ni las de Leone, ni las de Tornatore, ni las de Brian de Palma, ni las de Joffe, ni las de Malick... el cine no volvió a ser el mismo desde que Morricone compuso su primera banda sonora: Il Federale (1961). Desde entonces, ha compuesto 510. 
En 2013 pude verlo en directo en las Termas de Caracalla. Toda la jet romana estaba allí. Morricone es una personalidad en Italia. Me sorprendió su torpeza a la hora de dirigir la orquesta. Nunca ha tenido fama de buen director. Da lo mismo. Cada uno de los intérpretes se sabía de memoria cada nota de las composiciones que sonaron. Morricone ya es parte de la eternidad.
No voy a ser original. No siempre es bueno. Aquí van diez bandas sonoras por las que muchos amamos a Ennio Morricone. Podrían ser otras diez. A salto de mata:

1. CINEMA PARADISO

Sólo existen dos canon en la historia de la música que la humanidad seguirá reconociendo al instante por los siglos de los siglos. Uno, evidentemente, es el de Pachelbel. 



Y el canon de Cinema Paradiso.


                                      


Cinema Paradiso, en mi opinión, no es sólo la mejor partitura de Morricone, sino una de las mejores bandas sonoras de toda la historia. Cada personaje, un instrumento. Cada situación, una melodía. Un río de emociones que desemboca en ese canon in crescendo que acompaña a ese final memorable y que, evidentemente, no voy a contar por si alguien no la ha visto. Una explosión de nostalgia y alivio. Una catarsis en toda regla. Una música inmortal para una película inmortal.


2. HASTA QUE LLEGÓ SU HORA

Leone le había pedido a Morricone que compusiese una melodía para la escena de la llegada de Claudia Cardinale a ese infierno en la tierra que es el brutal escenario de la película. La Cardinale se baja del tren y se desencadena un apocalipsis de violencia y tensión. La melodía, además, debería acompañar casi en todo momento cada aparición del personaje. Algo ligerito, vamos. No sé si a Morricone le gustaba mucho Claudia Cardinale, o si aquel día había tenido alguna experiencia inolvidable, pero lo que compuso nos hace pensar en que los cielos se abren y CC desciende majestuosa por una escalerilla. El tema principal de Hasta que llegó su Hora cuenta tantas cosas... y todas nos conciernen. Va directamente al núcleo mismo de nosotros mismos.


                                     

https://www.youtube.com/watch?v=2s0-wbXC3pQ


3. LA MISIÓN

¿Cómo dejar fuera de esta selección la banda sonora de La Misión? ¿Cómo dejar fuera Gabriel's Oboe o Así en la Tierra como en el Cielo? Morricone crea para la dudosa cinta de Roland Joffe (asombrosa Palma de Oro en Cannes. Errores los tiene hasta el mejor relojero) una partitura que parece transcribir los rumores del agua, del viento, de la selva... de lo más primario del universo. De lo más primario de todos nosotros.


                                   
https://www.youtube.com/watch?v=oag1Dfa1e_E


4. NOVECENTO

Una banda sonora muy especial para mi. Por motivos íntimos, pero también porque explica mejor que cualquier manifiesto o manual todo en lo que creo. En la lucha y en el dolor. En la solidaridad y en el orgullo. Y en la belleza. Sobre todo, en la belleza. 


                                     

https://www.youtube.com/watch?v=hsBo3rN6Z1M


5. LA BATALLA DE ARGEL

Una banda sonora menor, pero que a mi me gusta mucho. La película de Pontecorvo es dura, áspera, desasosegante y, sobre todo, esclarecedora. Morricone opta por la percusión y el metal para subrayar ese dramatismo y esa violencia que descarga el film. Además, avanza (se autoplagia, más bien), la siguiente banda sonora de esta lista.


                                      



6. LOS INTOCABLES

El mayor acierto en la carrera de Brian de Palma: encargarle la música para su versión de Los Intocables a Ennio Morricone (descompensada con la elección de Kevin Costner para hacer de Elliott Ness. No se puede ganar siempre). Morricone escribe una partitura alejada de los estereotipos de los compositores americanos. Un tema principal que es, en realidad, un tiroteo en toda regla con ametralladoras, pistolas, coches que circulan a toda velocidad, gente que cae herida... la banda sonora de Morricone ES la película. 


                                       

https://www.youtube.com/watch?v=66QPKwUeBNI


7. DÍAS DEL CIELO

Si las películas de Malick son bellas sin necesidad de música, ampulosas sin necesidad de música, hirientes sin necesidad de música, imaginaos que a esas imágenes les pone música Ennio Morricone. Una festival para los oídos y para los ojos.


                                         

https://www.youtube.com/watch?v=EqW3e1CacQk


8. ÉRASE UNA VEZ EN AMÉRICA

Hace años repelía esta banda sonora. Me parecía artificialmente triste. Además, la película de Sergio Leone me parecía (y me parece aún) un tostón. Sin embargo, quizá porque me cogió sensible, un día escuché de nuevo la música de Morricone y me pareció repleta de matices, de ternura, de sensibilidad. Para muestra, este inmortal Tema de Débora.


                                     



9. EL BUENO, EL FEO Y EL MALO

No podía faltar en esta lista El Bueno, el Feo y el Malo, quizás el paradigma de la colaboración entre Morricone y Leone. La partitura es despampanante, casi el paroxismo de la épica. Y, por encima de todo, este atronador Éxtasis del Oro. Ya el título lo dice todo. 


                                     



10. MALENA

Y, para terminar, una delicatessen. Malena quizá no sea una de las partituras más conocidas de Ennio Morricone, pero es una auténtica joya. Nadie como el compositor romano ha descrito en música la belleza, la nostalgia y lo efímero de la vida. Sencillamente sublime banda sonora.


                                   








viernes, 30 de enero de 2015

CRÍTICAS (IX): "LEVIATHAN", de Andrey Zvyagintsev

Leviathan. Rusia, 2014. 140 minutos. Dirección: Andrey Zvyagintsev. Reparto: Aleksey Serebryakov (Kolya); Elena Lyadova (Lilya); Vladimir Vdovichenkov (Dmitri); Roman Madyanov (Alcalde Shelevyat); Sergei Pokhodaev (Roman); Lesya Kudryashova (Yuliya); Aleksey Rozin (Pacha). Guión: Oleg Negin & Andrey Zvyagintsev. Música: Philip Glass. Fotografía: Mikhail Krichman. Montaje: Ed Costello, Dave Hughes & Sophia Tamburrini. Color.  






INTRODUCCIÓN

El 4 de junio de 2004, Marvin Heemeyer, un operario de Granby (Colorado), puso en marcha su gran plan. Tras perder juicios y más juicios ante las autoridades de su pueblo y de su estado, Heemeyer no aguantó más. Había comprado una parcela para montar un taller, pero años más tarde el ayuntamiento realizó una maniobra oscura para arrebatarle parte del terreno y construir en él una empresa cementera. Tras multitud de pleitos y derrotas, Heemeyer construyó un bulldozer, una suerte de excavadora todoterreno, y demolió con saña primero el ayuntamiento de Granby y luego la casa del alcalde. Completado su plan, se pegó un tiro en la sien.

En 2009, en el pueblo de Kirovsk (donde está rodada la película), un empresario local, Ivan Ankushev, descontento con lo que consideraba elevadísimos impuestos locales, mató a tiros al alcalde y al concejal de la vivienda. Después, se pegó un tiro en la sien.

En el Antiguo Testamento, Yahveh permite a Satanás hacerle la vida imposible a Job, de la tierra de Uz. Satán le envía epidemias, mata a sus hijos, permite que su esposa lo repudie, que los ladrones devasten sus tierras... en fin, un cúmulo de puñetas que Job supera con su incomparable paciencia, hasta que Yahveh le premia con el doble de todo lo que había perdido. 

Estas tres historias son el magma de Leviathan, de Andrey Zvyagintsev. Una película prohibida en su país de origen Rusia, catalogada de antipatriótica, de dibujar una realidad decadente, alejada, según los prebostes rusos, de la auténtica situación del país. El éxito internacional (Globo de Oro incluido) parece haber hecho pensárselo al gobierno, que anuncia su estreno en Rusia el próximo 5 de febrero. Habrá que verlo. Aún más curiosa es la acusación de los detractores de la película de que ésta está financiada por el gobierno Obama. Sin embargo, en los créditos aparece un enorme rótulo en el que se especifica que está subvencionada por el Ministerio de Cultura ruso. Osea, Putin se ha marcado un gol en propia digno de un central tuercebotas. 


LA DECADENCIA HUMANA

Pero, ¿qué cuenta Leviathan para haber levantado tantos sarpullidos en Rusia? Pues nada menos que algo universal: la decadencia del ser humano. Algo universal y atemporal. El hecho de que suceda en Rusia puede añadir cierto color local, pero el núcleo de la película ocurre en todas las sociedades del mundo. Zvyagintsev narra la historia de Kolya, un pobre hombre al que le pasa de todo: el alcalde del pueblo, un hombrecillo miserable, miedoso, acomplejado y alcohólico, le desahucia de su finca para construir un complejo faraónico e innecesario con el que se meterá dinero en el bolsillo. El mejor amigo de Kolya, Dmtri, le defiende en el juicio. Chantajea al alcalde, está a punto de conseguir amedrentarlo, pero el cuerpo pretoriano del alcalde lo acorrala y amenaza con matarlo. Mientras tanto, le pone los cuernos a Kolya. Los amigos de Kolya son una pareja de alcohólicos amorales que no dudan en delatarlo en uno de los giros de la película que, evidentemente, no voy a contar. 

Un cúmulo de desgracias digno de Job. Pero, al contrario que el santo paciente, Kolya no verá duplicados sus bienes tras soportar las pruebas a las que se ve sometido. No hay esperanza. Sencillamente. 


                                   


Dos consejos: Para ver Leviathan debe gustarle el cine, pues no encontrará efectismos, ni la música sube, ni hay concesiones. No es una película de anuncio de televisión. Zvyagintsev rueda premeditadamente de una manera minimalista, sin grandes movimientos de cámara. La cámara es el ojo. Hay encuadres magníficos, de puro talento cinematográfico. Algo que apoya una fotografía fantástica, plúmbea, como si una cortina de detritus cubriese el pueblo y una profundidad de campo gigantesca, en la que parece apreciarse toda la tierra girar. Segundo consejo: no vaya a ver la película si tiene un mal día. Vaya con el estómago aposentado. Esto no es Cantando Bajo la Lluvia.


LA CRUDEZA DE LA REALIDAD

Leviathan es más cruda que los bistecs de los Picapiedra. Todo parece sufrir una enfermedad incurable. ¿Ha cambiado algo después de la caída del Muro de Berlín? Parece que no. "Nunca has tenido derechos y nunca los tendrás", le espeta a Kolya el alcalde, en plena borrachera. Todo sigue igual. La gran evolución pendiente, el poder del individuo que puede fortalecer la sociedad, es una utopía. Ocurre en Rusia, donde la burocracia, la iglesia y la corrupción enmudecen cualquier susurro de protesta. Algo significativo: el alcalde del pueblo donde se rodó la película, disgustado por la imagen ofrecida, quiso contrarrestarla señalando que la biblioteca de Kirovsk "dispone de internet y televisión por satélite". Ese es el concepto de cambio que se ha instalado en Rusia, en España y en cualquier país que haya sufrido una dictadura durante el siglo XX. Un señuelo, en suma, en el que la mayoría de la sociedad ha picado. 
De eso trata la película: de la amargura de comprobar que nada ha cambiado y que, probablemente, a no ser que haya un despertar, nada cambiará. Que el internet y la televisión por satélite son el paradigma de la libertad, de esta libertad que se nos vende para que todo siga igual.
El Leviatán, ese monstruo marino que engulle todo a su paso, no es tanto el statu quo que da la impresión de manejar nuestras vidas. El Leviatán somos nosotros mismos. El esqueleto de ballena que yace en la playa gris del pueblo es nuestra propia osamenta. Por eso es tan amarga la película: porque nos muestra hasta dónde hemos llegado y los límites sorprendentes de nuestra paciencia. Si no están dispuestos a cuestionarse estas cosas, vean Águila Roja por el bien de su estabilidad emocional. 


COROLARIO

Leviathan es una muy buena película, pero en mi opinión no la obra maestra que para muchos es. Le sobra metraje y escenas que no aportan nada. Sin embargo, es la clara favorita al Oscar a la mejor película de habla no inglesa, con permiso de la polaca Ida. Y, sobre todo, es una película que necesitaba hacerse. Las conclusiones son siempre suyas.