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viernes, 1 de abril de 2016

EL ETERNO BERNARD HERRMANN

Bernard Herrmann era orondo y miope. Bernard Herrmann fumaba en pipa. Bernard Herrmann era neoyorquino descendiente de judíos rusos. Bernard Herrmann era Wagneriano y Berlioziano. Bernard Herrmann era irascible. A los trece años le rompió un violín en la cabeza a un profesor de música. Bernard Herrmann era antisocial. Bernard Herrmann era bipolar. Bernard Herrmann inventó un nuevo concepto de belleza. Bernard Herrmann es el mejor compositor de música para películas de la historia y es este señor.


Después de que hiciese cimbrear su batuta por última vez en la grabación de la banda sonora de Taxi Driver, Bernard Herrmann cenó con el director Larry Cohen. Éste le habló someramente del que iba a ser su siguiente proyecto, una nueva película de serie B, de terror y fantasía, que se titularía God Told Me To. Cohen quería contratar a Herrmann. Tras la cena, el compositor regresó al hotel en el que se alojaba en Los Ángeles, se acostó y su corazón dejó de latir mientras dormía. Era la Nochebuena de 1975. Tenía 64 años. 

No suelo documentarme mucho para pergeñar este blog. Suelo escribir de memoria y sólo consulto, bien internet bien libros, para confirmar algún dato. Soy sentimental en todos los órdenes de la vida, y en este también, claro. Sentimental, porque me dejo llevar por los sentimientos. Me importa un pito el tecnicismo o el dato frío. La razón es la última máscara del ser humano. Todo lo que merece la pena en la vida nos llega tras arrebatos, tras una exacerbación de un sentimiento. Y quiero pensar que si alguien ha concretado, a lo largo del siglo XX, ese sentimentalismo en una partitura ha sido Bernard Herrmann. Obviamente no soy músico. No quiero (ni puedo) escribir sobre armonías ni arpegios ni notas ni compases. Quiero escribir sobre el arrebato mismo del acto musical. Y quiero hacerlo en varias de las sublimes bandas sonoras del genio neoyorquino. 

Sí, es innegable: Bernard Herrmann tuvo varias edades de oro, pero se conocen principalmente dos: la de su colaboración con Orson Welles y la de su (inconmensurable) colaboración con Alfred Hitchcock. Pero, sí, quiero empezar con una banda sonora que no pertenece a ninguna de estas dos gloriosas etapas. Quiero empezar por el final, por su última partitura. Por Taxi Driver. Creo que Herrmann presentía su muerte. Y creo, asimismo, que la banda sonora no cuenta el sufrimiento y la tortura de Travis Bickle, sino que cuenta el sufrimiento y la tortura de Bernard Herrmann ante sus últimos días. Su testamento, su confesión al mundo. Una partitura tortuosa, que parece, al fin, encontrar una liberación. Parece, al fin, encontrar un retazo de belleza en esta noche eterna.


                                            https://www.youtube.com/watch?v=Bx4aK-YsPeU

La soledad me ha perseguido toda la vida. En cualquier sitio, en un café, en un coche, en las aceras de las ciudades, en las tiendas... en todas partes. No hay forma de librarse de ella. Soy la criatura más solitaria que dios haya creado. 8 de junio. Mi vida ha vuelto a dar un giro. Los días transcurren regularmente, y pasan, y pasan, y pasan... un día no se distingue del siguiente. No son más que eslabones de una cadena infinita. Y, entonces, de repente, un cambio llega... 



                                            https://www.youtube.com/watch?v=HochYK83gtU


Para mi, escuchar a Bernard Herrmann es como caminar por un paisaje límpido, cristalino, nuevo. Un espacio desconocido, nunca visto, donde todo discurre más lento, y todo tiene más color. Nunca he estado ahí. Quizás él sí. Para Nervios Rotos compuso ese himno a la belleza por venir o, quizá, a la belleza olvidada. Tarantino la asumió para una de sus Kill Bill, y le restó toda esa sensación onírica que tenía la original. 


                                         https://www.youtube.com/watch?v=S4QiCD_MZQk

En este mismo blog ya hemos mencionado El Fantasma y la Señora Muir, en mi opinión una de las grandes bandas sonoras de todos los tiempos. ¿Importa algo el hecho de que ya hayamos escrito sobre ella? Herrmann alcanza unas cotas de ternura y arrebato que, salvo en Vértigo (por cierto, una suerte de desarrollo de El Fantasma y la Señora Muir), nunca más alcanzaría. Sólo él podría ponerle música al romance entre una mujer y un fantasma.


                                        



¿Creían que no iba a sonar esa fanfarria inmortal de Ciudadano Kane? Se equivocaban. Es el paroxismo del triunfo, de la esperanza, de la ambición. Quizá mucha gente se me eche encima, pero prefiero la partitura, en ocasiones algo rococó, de Herrmann, que la película de Welles. 


                                        

                                             https://www.youtube.com/watch?v=68X_gR6i2P8

Un oboe y una trompa. Un chelo. Se arrastran. No hace falta ver la imagen. Sabemos, porque Herrmann nos lo cuenta, que estamos entrando en un reino otrora fantástico, ahora decrépito. ¿Quieren oír más? hay magia y decadencia y un punto de sadismo... escuchen.


                                         
                                               https://www.youtube.com/watch?v=DM589P6lGoM         


Bernard Herrmann sólo ganó un Oscar. Los mismos que, por ejemplo, Kim Basinger. Ahí lo dejo. Fue en 1941 por El Diablo y Samuel Webster. Una partitura estrepitosa y fuera de tono, en la que usa hasta cascabeles. Una locura, bella como todas las locuras.

                                          
                                              https://www.youtube.com/watch?v=SB9K7gHoBIg


Y, ahora sí, vayámonos al mambo: Herrman/Hitchcock. ¿A que las películas de Hitchcock que no tienen música de Hermann parecen distintas? No voy a decir peores... bueno, sí, lo voy a decir. Parecen peores. Nunca estoy seguro si primero fue la partitura y luego la película. Si el cerebro de Hitchcock era un recipiente gigantesco en el que borboteaba toda clase de historias retorcidas, el cerebro de Bernard Herrmann era una historia retorcida en sí mismo. Herrmann consiguió domeñar a Hitchcock, algo no fácil, que le dio libertad absoluta para componer. Sólo así se entiende que para ese divertimento en el que el futuro de la humanidad está en peligro (así se divertían H & H) a Herrmann se le ocurriese una música en la que se van añadiendo más y más instrumentos, y más y más instrumentos, en una vorágine imparable. Dos minutos trepidantes, de lo mejor que ha hecho nunca Herrmann, con las notas retorciéndose hasta no poder más. Me refiero a la obertura de Con la Muerte en los Talones. Les invito a reconocer todos los instrumentos que suenan. Ya se lo adelanto: es imposible.



                 
                                           https://www.youtube.com/watch?v=xBxjwurp_04

Personalmente, esta obra de arte de dos minutos es lo que más me gusta de la colaboración entre los dos genios. Pero, de manera global, como sinfonía de la locura del siglo XX, Psicosis es una obra maestra. Psicosis es una película en la que hay poco diálogo. Las palabras las pone la música de Herrmann. Siempre he pensado que las notas, en esta banda sonora, son palabras. Sí. El monólogo interior, el rasgo distintivo de la película, no se expresa con una voz en off, como es tradicional, sino con música. El remordimiento, la angustia, el miedo, el deseo, la opresión, el sufrimiento, todo se expresa con unas notas que incluso parecen tener un rastro fónico, como el aire cuando hace vibrar las cuerdas vocales.


                                           https://www.youtube.com/watch?v=pSW1nuZedfE

Phoenix. Arizona. Viernes, 11 de diciembre. 02.43 minutos de la tarde. La cámara, como un ojo omnímodo, se cierra lentamente sobre un edificio. En el edificio hay una ventana. La ventana está abierta. La cámara, voyeur universal, se cuela en una habitación. En la habitación hay una pareja. La cámara los sondea. Los penetra. El arranque de Psicosis es la quintaesencia de Hitchcock. Hay, no obstante, una segunda sonda que recorre los intersticios de los personajes: la de la música de Herrmann. Llega hasta el tuétano. Convierte en notas los pensamientos. El culmen es la escena de la ducha. Una escena sin sonidos humanos.... ¿seguro? ¿qué oyen ustedes? ¿El rasgueo brutal de la sección de cuerdas, o los gritos de una mujer? ¿Los violoncelos renqueantes y cansados, o el jadeo de placer de un asesino en pleno éxtasis?


                                            https://www.youtube.com/watch?v=Xhx_B45xxxQ

Sería de snobs no terminar este repaso con, seguramente, la mejor banda sonora de todos los tiempos. Hay muchas películas en Vértigo. Una de ellas la cuenta la espectral, romántica, turbulenta, obsesiva, liberadora y devastadoramente bella partitura de Bernard Herrmann. Se podría, sin duda, seguir el argumento sin ver las imágenes. Tan sólo tumbándose y dejándose abrumar, por ejemplo, por esta inmortal obertura.


                                         https://www.youtube.com/watch?v=kC5AzFc3coo

Herrmann alcanza su cima musical con una de las composiciones más bellas de la historia del cine. la Escena de Amor de Vértigo. El compositor neoyorquino logra algo así como una ópera del siglo XX, con cada instrumento emulando la voz y las pasiones de los personajes. Sólo estos cinco minutos de gozo musical le bastarían a Herrmann para ocupar el olimpo de los compositores de música de cine.


                                            https://www.youtube.com/watch?v=_naJH44Lk3I

No se me ocurre mejor manera de terminar este recuerdo, aunque el recuerdo sea constante, a un artista genuino, que sólo se dedicó a crear, que rehuyó del mundo y que volcó su tortuosa alma en su música. En su música inmortal. 

martes, 12 de mayo de 2015

10 GRANDES BANDAS SONORAS DE LA HISTORIA (CAPÍTULO 3)

INTRODUCCIÓN

Bueno. Volvemos a las andadas, y lo hacemos con algo que parece que os gusta mucho: las bandas sonoras. Me congratulo de que os guste algo tan  consustancial al cine. Sí, es cierto, hay bandas sonoras que destrozan películas. Otras, simplemente sobran. Pero las grandes, las grandes de verdad, pasan a la historia e, incluso, trascienden de la propia película. Como en su día dijeron Faemino y Cansado: "Una banda sonora es la música que mejora una escena de mierda". Pues eso. Vamos con una nueva selección, como siempre, a vuelapluma y sin orden.


1. ESPARTACO, DE ALEX NORTH

Un señor que le puso música a ese intento imposible que es hacer una película sobre una de las mejores novelas de todas las épocas, Bajo el Volcán de Malcolm Lowry, tiene que estar en esta selección. A mí las música festivaleras de North no me gustan. Hombre, hacer poco menos que un vals para una película como Las Sandalias del Pescador, en la que un papa ruso (!!) evita la Tercera Guerra mundial, es un despropósito. Sin embargo, North tiene partituras tan vibrantes y truculentas como las de Un Tranvía Llamado Deseo o ¡Viva Zapata! que no vean cómo suenan. 
Sin embargo, la grande de verdad es Espartaco. Espartaco es una película extraña. Para empezar, algunas escenas están dirigidas por Anthony Mann y otras por Kubrick (si se fijan, se nota). Ya saben, Kubrick debutó con Espartaco después de sustituir a Mann por desavenencias con la productora. Kirk Douglas, el antihéroe por excelencia (para extrapolarlo, diríamos que ahora sería Sean Penn), interpreta a un héroe. Y cómo. Rabioso, sensible, melancólico, tierno, imperturbable, enérgico... la interpretación de Douglas es memorable (como casi todas las de Douglas). Espartaco no es un peplum. Dalton Trumbo no podía escribir una de romanos. Más bien, es una historia sobre el orgullo, sobre lanzarse en tromba hacia la derrota. Da igual que se desarrolle en el siglo I antes de Cristo que en la actualidad. No es una película de género. Y luego está la música de North. También es rara. Maravillosamente rara. ¿A quién se le ocurre aderezar un entrenamiento de gladiadores con algo tan parecido al jazz como esto?




Esta mezcla entre Stravinsky y el jazz es, para que lo entiendan, como si en una película de época que se rodase en la actualidad sonase música electrónica. Un hallazgo que remarca el encarnizado combate de gladiadores.

Y luego, como no podía ser de otra manera, está el tema de amor entre dos esclavos, dos perdedores que, como se dice en la película, "pueden ganar". Espartaco y Lavinia. Kirk Douglas y una bellísima Jane Simmons. No es un tema de amor al uso. No es meloso ni bobalicón. Es, cómo decirlo, casi extraterreno. De una belleza que hace daño. Es, simplemente, memorable.




Por cierto, Alex North estuvo quince veces nominado al Oscar. Nunca ganó. Pero, como dirían en nuestro blog hermano, El Cine por Montera, "ni falta que le hizo".


2. ANATOMÍA DE UN ASESINATO, DE DUKE ELLINGTON

Las películas de Otto Preminger rezuman clase. Técnicamente son maravillosas y narrativamente tienen ese amor por la interpretación que el director de origen ucraniano tuvo desde la adolescencia. Preminger siempre conseguía excelentes interpretaciones. Véase, mismamente, las de James Stewart y la inconmensurable Lee Remick en Anatomía de un Asesinato. Por estar, está bien hasta Ben Gazzara, que ya es decir. 
El Duque escribió una partitura vibrante y anómala. El jazz solía ser una música incidental en el cine de los 60, pero no el sustento principal. Tanta clase como la de una película soberbia.


                                      



3. LA LEY DEL SILENCIO, DE LEONARD BERNSTEIN

Leonard Bernstein, el magnífico compositor y, sobre todo, director de orquesta, no se prodigó en el cine. De hecho, sólo compuso las músicas de West Side Story (las letras son de Stephen Sondheim)y Un Día en Nueva York, y la banda sonora que nos ocupa. Pero, caray, para ser su única banda sonora, menudo trabajo le salió. La partitura de La Ley del Silencio es un auténtico ballet. Como toda la película. Las actuaciones son de una riqueza gestual y física tal que podría verse sin sonido. Así es la música que las adereza. Pesada, turbulenta, huele a acero y a humo. Huele a épica. 


                                       



4. EL CASO THOMAS CROWN, DE MICHEL LEGRAND

Michel Legrand es un músico todoterreno. Se inició en la música clásica, se pasó al jazz, fue cantante de la chanson francesa, flirteó luego con la música electrónica (llegó a acompañar a Björk en directo) y dejó su sello en bandas sonoras memorables. Su sobrina, Victoria, es la cantante de Beach House, grupo adalid del dream pop y cuyas composiciones recuerdan a las del músico parisino. 
Legrand firmó, por ejemplo, la maravillosa partitura para Verano del 42, pero yo me quedo con la clase desbordante de El Caso de Thomas Crown, la primera, la buena, la de Steve McQueen y Faye Dunaway. 
Todo en la fantástica película de Norman Jewison parece cubierto por una capa de terciopelo. Hay que ver cómo visten los protagonistas, la sofisticación de cada escena. La de la partida de ajedrez es para morirse. Una fotografía elegantísima de Haskell Wexler y, cómo no, la partitura de Legrand tan nueva, tan briosa, que parece haber sido compuesta ayer mismo.


                                 


Por cierto, la banda sonora incluye una canción que ganó el Oscar. The Windmills of your Mind.


                                 




5. UN LUGAR LLAMADO MILAGRO, DE DAVE GRUSIN

Nos está quedando bastante jazzy esto. Porque Dave Grusin es uno de los grandes pianistas y teclistas de jazz de los últimos tiempos. Sus incursiones en el cine también han sido muy celebradas. Recuerdo, a bote pronto, la gran partitura que compuso para Los Fabulosos Baker Boys. 
Sin embargo, en Un Lugar Llamado Milagro abandona su compostura habitual. En este caso, Grusin firma una partitura con toques latinos, alegre e íntima, tierna y bella. Una banda sonora que enriquece la película de Robert Redford, ya de por sí tierna e íntima, sobre un granjero de Nuevo México que le roba el agua a una constructora que quiere enladrillar el pueblo en el que vive.


                               



6. ROMEO Y JULIETA, DE NINO ROTA

Una de las bandas sonoras más bellas de la historia. Desgarradoramente romántica, casi hasta el paroxismo, trágica como la propia historia ideada por Shakespeare, el paradigma del amor imposible, quizás el único que valga la pena en este mundo. 
Como era norma en su irrepetible colaboración con Fellini, Rota compone para Romeo y Julieta una partitura que parece salir de otra dimensión, de un lugar mejor que este, en el que la belleza es el único sentido de la existencia. 


                                   


La adaptación de Franco Zeffirelli es, probablemente, la peor que se haya hecho del clásico de Shakespeare. Blanda, cursi y bobalicona, como casi todas las películas de Zeffirelli, director de cámara del Vaticano. Esta Romeo y Julieta se recordará por el descubrimiento de la bellísima actriz argentina Olivia Hussey, que luego se perdió en la neblina del tiempo, y por la inconmensurable música de Nino Rota.


                                     



7. LOS NIÑOS DEL BRASIL, DE JERRY GOLDSMITH

El horror de los experimentos genéticos del doctor Mengele, el tótem del nazismo, encontró primero eco en la novela de Ira Levin y luego en la adaptación cinematográfica de Franklin J. Schaffner. Con Gregory Peck como Mengele, la historia (verídica) cuenta como los nazis refugiados en Paraguay intentan establecer un cuarto Reich nada menos que clonando a Hitler. 
Para un argumento tan truculento, Jerry Goldsmith escribe una partitura valsística y circense que parece desentonar, en un primer momento, pero que a la segunda escucha adopta un bies inquietante. Una joya de la historia de la música para películas, banda sonora de culto para los frikis del tema.


                                     



8. BUSCANDO NUNCA JAMÁS, DE JAN ANDRZEJ PAWEL KACZMAREK

Vuelven los polacos a este rincón. Y es que los polacos son harina de otro costal. Su formación clásica siempre deja su huella en unas composiciones vanguardistas. Son híbridos raros, partituras diferentes, que no suenan como las comunes. Kaczmarek hace que Chopin reviva en esta banda sonora que plasma en música toda la magia y el drama de James M. Barrie, el torturado autor de Peter Pan. Una banda sonora deliciosa, casi casi sanadora. Memorable. 


                                     



9. ENRIQUE V, DE PATRICK DOYLE

Si antes nos deteníamos en una de las peores adaptaciones al cine de una obra de Shakespeare, ahora nos relamemos ante una de las mejores: el Enrique V de Kenneth Brannagh. Fantástica película, catalogable de obra maestra. Aún me estremezco con el discurso final del propio Brannagh antes de la batalla de Agincourt.
Si grandiosa es la película, grandiosa es su banda sonora. Patrick Doyle firma una partitura épica y solemne y, como cima, una tema que, si lo oigo antes de una batalla, salgo a morder. A la altura de la Pompa y Circunstancia, de Elgar. Espeluznante.


                                   



10. TAXI DRIVER, DE BERNARD HERRMANN

Permitanme terminar este repaso con una debilidad propia. Si ya de por sí es emocionante escuchar la banda sonora de Taxi Driver, deben tener en cuenta una cosa: Bernard Herrmann falleció justo la noche en la que terminó de grabarla. Era la Nochebuena de 1975. Herrmann sólo tenía 64 años, aunque parecía un anciano. Orondo, agotado aunque, curiosamente, con un ascua de esperanza en el horizonte. Porque Taxi Driver era la película perfecta para Herrmann. El compositor neoyorquino plasmó como nadie la locura, la obsesión, la ira.. porque así era él mismo. 
Siempre he creído que Herrmann no se basó en el tortuoso personaje de Travis Bickle para escribir la partitura. Por alguna extraña razón, Herrmann sabía que su muerte estaba próxima y que sería su último trabajo. Así que me gusta pensar que la banda sonora de Taxi Driver es, en realidad, la banda sonora de la vida de Bernard Herrmann. Que el desequilibrio y la soledad que transmite la música no son las de Travis, sino las del propio compositor.


                                   


La apocalítica película de Scorsese se quedaría en un ejercicio de cine indie si no fuera por la colosal música de Herrmann. El canto del cisne del mejor compositor de música para cine de todos los tiempos y uno de los grandes músicos del siglo XX. Un día vendrá una lluvia que lo arrastrará todo. Limpiará las calles. Limpiará esta ciudad. 


                                   





miércoles, 18 de febrero de 2015

10 BANDAS SONORAS POR LAS QUE AMAMOS A MORRICONE

INTRODUCCIÓN


Érase una vez un trompetista que componía sintonías para programas de radio. Érase una vez un amante del western que soñaba con emular a John Ford. Ambos vivían en Roma y eran amigos. Ambos, con los años, cambiarían el concepto de música para cine y del western, respectivamente. Eran Ennio Morricone y Sergio Leone. 
Leone consiguió conjugar la épica de Kurosawa (el mejor director de "westerns" de la historia) y el desarraigo de Ford para crear un estilo propio e inconfundible. Pero las películas de Leone no serían las mismas sin la música de Morricone. Ni las de Leone, ni las de Tornatore, ni las de Brian de Palma, ni las de Joffe, ni las de Malick... el cine no volvió a ser el mismo desde que Morricone compuso su primera banda sonora: Il Federale (1961). Desde entonces, ha compuesto 510. 
En 2013 pude verlo en directo en las Termas de Caracalla. Toda la jet romana estaba allí. Morricone es una personalidad en Italia. Me sorprendió su torpeza a la hora de dirigir la orquesta. Nunca ha tenido fama de buen director. Da lo mismo. Cada uno de los intérpretes se sabía de memoria cada nota de las composiciones que sonaron. Morricone ya es parte de la eternidad.
No voy a ser original. No siempre es bueno. Aquí van diez bandas sonoras por las que muchos amamos a Ennio Morricone. Podrían ser otras diez. A salto de mata:

1. CINEMA PARADISO

Sólo existen dos canon en la historia de la música que la humanidad seguirá reconociendo al instante por los siglos de los siglos. Uno, evidentemente, es el de Pachelbel. 



Y el canon de Cinema Paradiso.


                                      


Cinema Paradiso, en mi opinión, no es sólo la mejor partitura de Morricone, sino una de las mejores bandas sonoras de toda la historia. Cada personaje, un instrumento. Cada situación, una melodía. Un río de emociones que desemboca en ese canon in crescendo que acompaña a ese final memorable y que, evidentemente, no voy a contar por si alguien no la ha visto. Una explosión de nostalgia y alivio. Una catarsis en toda regla. Una música inmortal para una película inmortal.


2. HASTA QUE LLEGÓ SU HORA

Leone le había pedido a Morricone que compusiese una melodía para la escena de la llegada de Claudia Cardinale a ese infierno en la tierra que es el brutal escenario de la película. La Cardinale se baja del tren y se desencadena un apocalipsis de violencia y tensión. La melodía, además, debería acompañar casi en todo momento cada aparición del personaje. Algo ligerito, vamos. No sé si a Morricone le gustaba mucho Claudia Cardinale, o si aquel día había tenido alguna experiencia inolvidable, pero lo que compuso nos hace pensar en que los cielos se abren y CC desciende majestuosa por una escalerilla. El tema principal de Hasta que llegó su Hora cuenta tantas cosas... y todas nos conciernen. Va directamente al núcleo mismo de nosotros mismos.


                                     

https://www.youtube.com/watch?v=2s0-wbXC3pQ


3. LA MISIÓN

¿Cómo dejar fuera de esta selección la banda sonora de La Misión? ¿Cómo dejar fuera Gabriel's Oboe o Así en la Tierra como en el Cielo? Morricone crea para la dudosa cinta de Roland Joffe (asombrosa Palma de Oro en Cannes. Errores los tiene hasta el mejor relojero) una partitura que parece transcribir los rumores del agua, del viento, de la selva... de lo más primario del universo. De lo más primario de todos nosotros.


                                   
https://www.youtube.com/watch?v=oag1Dfa1e_E


4. NOVECENTO

Una banda sonora muy especial para mi. Por motivos íntimos, pero también porque explica mejor que cualquier manifiesto o manual todo en lo que creo. En la lucha y en el dolor. En la solidaridad y en el orgullo. Y en la belleza. Sobre todo, en la belleza. 


                                     

https://www.youtube.com/watch?v=hsBo3rN6Z1M


5. LA BATALLA DE ARGEL

Una banda sonora menor, pero que a mi me gusta mucho. La película de Pontecorvo es dura, áspera, desasosegante y, sobre todo, esclarecedora. Morricone opta por la percusión y el metal para subrayar ese dramatismo y esa violencia que descarga el film. Además, avanza (se autoplagia, más bien), la siguiente banda sonora de esta lista.


                                      



6. LOS INTOCABLES

El mayor acierto en la carrera de Brian de Palma: encargarle la música para su versión de Los Intocables a Ennio Morricone (descompensada con la elección de Kevin Costner para hacer de Elliott Ness. No se puede ganar siempre). Morricone escribe una partitura alejada de los estereotipos de los compositores americanos. Un tema principal que es, en realidad, un tiroteo en toda regla con ametralladoras, pistolas, coches que circulan a toda velocidad, gente que cae herida... la banda sonora de Morricone ES la película. 


                                       

https://www.youtube.com/watch?v=66QPKwUeBNI


7. DÍAS DEL CIELO

Si las películas de Malick son bellas sin necesidad de música, ampulosas sin necesidad de música, hirientes sin necesidad de música, imaginaos que a esas imágenes les pone música Ennio Morricone. Una festival para los oídos y para los ojos.


                                         

https://www.youtube.com/watch?v=EqW3e1CacQk


8. ÉRASE UNA VEZ EN AMÉRICA

Hace años repelía esta banda sonora. Me parecía artificialmente triste. Además, la película de Sergio Leone me parecía (y me parece aún) un tostón. Sin embargo, quizá porque me cogió sensible, un día escuché de nuevo la música de Morricone y me pareció repleta de matices, de ternura, de sensibilidad. Para muestra, este inmortal Tema de Débora.


                                     



9. EL BUENO, EL FEO Y EL MALO

No podía faltar en esta lista El Bueno, el Feo y el Malo, quizás el paradigma de la colaboración entre Morricone y Leone. La partitura es despampanante, casi el paroxismo de la épica. Y, por encima de todo, este atronador Éxtasis del Oro. Ya el título lo dice todo. 


                                     



10. MALENA

Y, para terminar, una delicatessen. Malena quizá no sea una de las partituras más conocidas de Ennio Morricone, pero es una auténtica joya. Nadie como el compositor romano ha descrito en música la belleza, la nostalgia y lo efímero de la vida. Sencillamente sublime banda sonora.


                                   








viernes, 17 de octubre de 2014

(OTRAS 10) DE LAS MEJORES BANDAS SONORAS DE LA HISTORIA

Regreso en esta bitácora a la música de cine. A lo erróneamente llamado banda sonora porque, como ya sabéis, ese término engloba todo el espectro sonoro de una película, no sólo a la música. 
Hace unos meses repasaba diez de las que, en mi opinión, son las mejores composiciones para película de la historia. Hay tres factores que conforman la elección: primero, que me emocione. Segundo, que subraye el mensaje que transmitan las imágenes e, incluso, lo mejore. Y, tercero, que funcione como una composición independiente cuando la escuchamos. Las diez músicas originales que he seleccionado esta vez cumplen con estas tres premisas. Espero que a vosotros también os gusten y que os acompañen en estos días de otoño cotidianos y confortables, bellos y desesperados.
Al lío.

1. "EL FANTASMA Y LA SEÑORA MUIR", DE BERNARD HERRMANN

De nuevo el genial Herrmann intentando componer una sinfonía independiente a la película. La magia del asunto es que se acopla como un mecanismo de relojería a la acción de la película. Nadie como Herrmann tradujo a música los procesos mentales: el miedo, la angustia, el concepto de belleza, el enamoramiento. Y si no, escuchad esta música etérea, como surgida de otra dimensión. ¿Qué os sugiere?



El Fantasma y la Señora Muir, quizá la mejor película de Joe Manckiewicz, es pura poesía en movimiento. Rex Harrison es el espíritu atrapado en una casa a la que se muda Gene Tierney y su hija. La historia es de enjundia: mujer y fantasma se enamoran (!) y el espectro le dicta a la señora Muir sus memorias. Una exquisitez que Bernard Herrmann tradujo a música en una banda sonora para la historia.





2. "GIULIETTA DE LOS ESPÍRITUS", DE NINO ROTA

Seguimos con fantasmas. Aunque en el caso de la película de Fellini, no tan carnales como el que interpreta Rex Harrison. Los demonios de una mujer engañada por su marido, atrapada en los traumas de su infancia y engatusada por videntes para autoexorcizarse se desbocan en este film extraño y que, a todas luces (y declarado por el propio Fellini) es la historia de su propia vida junto a Giulietta Masina. Esta película bizarra y cien por ciento felliniana tiene una banda sonora bizarra y cien por ciento marca de la casa de Nino Rota. Entrañable, delicada, circense, tortuosa... la música de Rota cabalga por los meandros mentales de una mujer que quiere volver a la vida. 




3. "EL LEÓN EN INVIERNO", DE JOHN BARRY

Antes de dulcificarse hasta el almíbar con músicas para películas épico-románticas, John Barry era un excelente músico de jazz (él creó el inmortal tema para las películas de James Bond) y solía ser especialista en musicar la vida de personajes tan torturados, por ejemplo, como los de Cowboy de Medianoche o, el caso que nos ocupa, Leonor de Aquitania. La contundente película de Anthony Harvey nos narra un hecho crucial en la historia de Inglaterra. Eduardo II libera por Navidad a su esposa, la colérica, dura e inclemente Leonor, recluida en una torre. Discuten sobre quién sucederá al rey: el cruel Juan o el corajudo Ricardo. Ya saben la continuación, con guerra civil incluida. Leonor era Katherine Hepburn. Sus ojos maquiavélicos seguramente inspiraron a Barry esta fanfarria inmortal.


                                       




4. "LA PROFECÍA", DE JERRY GOLDSMITH

¿Que Jerry Goldsmith plagia? Quizás este eterno Ave Satani se parezca demasiado al tema principal de El León en Invierno (en realidad ambos plagian a Prokofiev, pero esa es otra historia). ¿A quién le importa? sigue siendo la música de terror por antonomasia. 


                                     


En efecto, la banda sonora de Goldsmith para La Profecía es antología pura de la música de terror. Sin embargo, tanto la película como la partitura ofrecen dos lecturas, como todas las buenas películas: por un lado, el advenimiento del anticristo en forma de un niño nacido de una loba en Roma y adoptado por un diplomático norteamericano que aspira a ser presidente del gobierno. Damien crece y, diablos, es el mismísimo Lucifer. Hace la vida imposible a todos los que le rodean, va acompañado de un perro negro aterrador, provoca el pánico entre los mandriles del zoo, lleva el 666 tatuado en el cuero cabelludo y, en definitiva, no le tiembla el pulso a la hora de quitarse de en medio a todo el que intente impedir que llegue a dominar el mundo. Pero luego está la parte sentimental de la película: la degradación de una familia cuya esposa (la gran, gran Lee Remick) no puede fecundar hijos y que se deja mecer por la opulencia y las ínfulas de poder. Así que, para ellos, Damien es su hijo amado. Y las notas de Goldsmith subrayan esta ternura.


                                    



5. "LA SEMILLA DEL DIABLO", DE KRZYSZTOF KOMEDA

Otra de terror y otra joya de la música para cine. Komeda dejó la medicina para convertirse en compositor de jazz y, eventualmente, el compositor de cabecera de sus paisanos Wajda y Polanski. Con este último alcanzó su cima con La Semilla del Diablo, la película que más se acerca a los ritos satánicos de las que se hayan filmado nunca. De hecho, todo el grupo de vecinos del matrimonio protagonista no son actores sino auténticos miembros de una logia satánica. Pero están tan tan tan bien, que hasta Ruth Gordon, la lideresa del grupo, ganó el Óscar a la mejor actriz secundaria, que tiene bemoles la cosa. Komeda logra, en una banda sonora casi minimalista, con unos sonidos que nos transportan no a Nueva York, sino a las calles de Varsovia en los 60, a recorrer los vericuetos mentales de Rosemary Woodhouse, feliz por la vida que parece esperarle (con una acomodada posición económica y un niño en sus entrañas), pero que poco a poco, como una metáfora de un mundo que se derrumba (la película es de 1968) sucumbe a una sociedad que no tolera la belleza. 


                                  


Ya sabéis que La Semilla del Diablo es una película maldita. Se rodó en el edificio Dakota, donde residía John Lennon y a cuyas puertas fue tiroteado el 8 de diciembre de 1981. Poco después de su estreno la banda de Charles Manson asesinó a la mujer de Polanski, Sharon Tate, que estaba embarazada... Komeda tampoco se libró de la maldición. Al año de componer esta obra de arte sufrió un estúpido accidente de coche y se despeño cerca de su casa en California. ¿Sabrá Ruth Gordon algo de todo esto? 


6. "AZUL" DE ZBIGNIEW PREISNER

De un compositor polaco a otro: de Komeda a Zbigniew Preisner. Preisner fue la punta de lanza de una pléyade de compositores polacos (entre los que están Killar o Kaczmarek) que aderezaron su extensa formación clásica con formas modernas de entender la música. Sus partituras siempre suenan a frío, a nieve, a soledad y a muros que se caen. Personalmente, detesto Azul. Kieszlowski se puso de moda entre los niños bien de mi generación. Quizá por eso no trague su aparatosidad vacua, pero tengo que volver a verla. Quizá cambie de opinión. Pero, caray, este Himno para la Reunificación de Europa de Preisner ya está en los anales de la historia de la música de cine. 


                                




7. "LAWRENCE DE ARABIA", DE MAURICE JARRE

Caigo, no sin sorpresa, en que aún no había seleccionado Lawrence de Arabia. Hago acto de contrición y me regocijo en esta banda sonora colosal, como toda la película. Lawrence de Arabia no sólo es una de mis películas, sino una obra de arte que trasciende los límites del cine. Es filosofía, escultura, pintura, y también música. En puridad, la película de David Lean es la mejor de la historia. Otra cosa es lo que le transmita a cada uno. Todo funciona como un reloj, nada sobra, todo es pertinente, y así la banda sonora de Maurice Jarre, íntima y grandiosa a la vez. Un canto a la dignidad del ser humano. 


                                 



8. "REBELIÓN A BORDO", DE BRONISLAU KAPER

Parece que la cosa hoy va de polacos. No es intencionado. El más veterano de los que han aparecido hoy aquí es Bronislau Kaper, un clásico de la música de cine de aventuras. Su partitura para Rebelión a Bordo, la más popular de las versiones del Motín de la Bounty que se han rodado (con Marlon Brando y Trevor Howard) tiene el nervio y la grandiosidad que merece la acción. Escucharla es verse surcando los mares (la música tiene hasta textura y color) y también mascar la tensión que crece a bordo. Una joya.


                                    



9. "RECUERDA", DE MIKLOS ROZSA

Es curioso, pero la más "hermanniana" de las bandas sonoras para películas de Hitchcock no es de Bernard Herrmann sino de un húngaro (en este caso nos movemos un poquito) llamado Miklos Rozsa. Como Herrmann, Rozsa penetra en la psique humana pero lo hace de una manera mucho menos tortuosa y más sinfónica. Este tema para Recuerda es la antonomasia del romanticismo. Y eso que la película tiene miga. Ya saben: amnesia, Freud, un crimen, Ingrid Bergman... una película colosal con una música colosal. 


                                    



10. "LUCÍA Y EL SEXO", DE ALBERTO IGLESIAS

¿Cómo? ¿Una banda sonora española entre las mejores de la historia? Pues sí. A Alberto Iglesias nunca le perdonaré el haber usurpado el puesto del gran Bernardo Bonezzi como compositor de cámara de Almodóvar. Sin embargo, creo que sus trabajos con Almodóvar están entre los peores de su carrera (salvo, quizás, La Piel que Habito). Sin embargo, Iglesias es lo más parecido a un genio que tiene la música española. Su partitura para la película de Médem es, sencillamente, la belleza en todo su esplendor. Iglesias firma todo un himno de las cosas pequeñas. Y eso tiene un nombre: grandiosidad.


                                   













viernes, 16 de mayo de 2014

10 TEMAS ORIGINALES DE CINE PARA PINCHAR EN UN GARITO

INTRODUCCIÓN


Inicio este post con un amigo entrañable en la memoria. Seguro que lee esto así que se identificará a sí mismo rápidamente. Un amigo que es la persona que más sabe del mundo sobre bandas sonoras y compositores de cine. Entrar en su habitación era alucinar. Cientos de casetes cuidadosamente clasificadas por orden alfabético. Sin embargo, sus carátulas eran un despiporre: collages inverosímiles, bandas sonoras que se fusionaban con temas sueltos, con una caligrafía diminuta. En noches de glorioso rock'n'roll o glorioso pop (y muchas cosas más) en bares de Gijón o de Avilés, él siempre esperaba que cayera un tema de John Williams, Jerry Goldsmith o Ennio Morricone. Nunca cayeron. Pero su esperanza siempre me ha dado pie a la reflexión: Si yo fuera un DJ, ¿qué temas de cine pincharía en una noche de perfil medio-alto? No me refiero a canciones originales o adaptadas para una película. Me refiero a bandas sonoras originales, temas instrumentales que tendrían sitio en una buena sesión de pincha. Bueno, pues ahí van diez. Mañana serían otros.


1. LA GRAN EVASIÓN, DE ELMER BERNSTEIN

Un excelente tema para empezar la sesión e ir in crescendo. Su espíritu burlón, que extrañamente mezcla con cierto aire épico, hacen de la marcha del grandioso Elmer Bernstein para La Gran Evasión un tema para tararear o silbar en grupo al dulce sabor de una cerveza. Un tema golfo e inmortal. 




2. EL HOMBRE DEL BRAZO DE ORO, DE ELMER BERNSTEIN

Sigue la sesión por Elmer Bernstein, uno de los más grandes. Fíjense si es grande que puede llegar hasta el tuétano de la emoción con composiciones como Matar un Ruiseñor, dibujar la épica en una partitura como en Los Siete Magníficos o componer este temazo que roza el acid jazz para una película maravillosa: El Hombre del Brazo de Oro, de Otto Preminger. Frank Sinatra, un cantante milagroso, pero un mal actor, estaba sin embargo brillante encarnando a un baterista de jazz heroinómano. Pero la que estaba bien aquí, como siempre, era Elanor Parker. Y, cómo no, Elmer Bernstein que ideó un tema que empieza con unos platillos de batería que parecen granizo. Y, de ahí, hacia arriba. Puro oro. 





3. LA LEY DEL SILENCIO, DE LEONARD BERNSTEIN

La mejor película de Elia Kazan (que ya es decir) es toda una paradoja. El drama de unos estibadores en los muelles de Nueva York, con un Marlon Brando colosal y una Eva Marie Saint que es pura rabia contenida, está lleno de delatores, de amenazas y de cabezas de turco. Quizás un sentimiento de culpa agudizó la maestría de Kazan: él mismo había sido un delator en la ignominiosa Caza de Brujas. Como obra maestra que es, La Ley del Silencio tiene una música magistral: esta partitura de Leonard Bernstein (nada que ver con el mentado Elmer). Una música que suena como diez toneladas de hierro cayendo al mar desde una grúa. Huele a noche y a miedo. 


                                       



4. ANATOMÍA DE UN ASESINATO, DE DUKE ELLINGTON

Qué bien elegía sus músicas Otto Preminger. Para Anatomía de un Asesinato escogió nada menos que a Duke Ellington. El Duqe se saca los hígados en esta partitura sinuosa y sucia para una película sinuosa y sucia. La irresistible atracción que siente el abogado que interpreta (formidablemente) James Stewart hacia la mujer a la que representa en un juicio es la columna vertebral de esta película que anticipó tantas otras: desde Instinto Básico hasta Veredicto Final. Por cierto, la mujer por la que Stewart perdía el sentido era Lee Remick. ¿Lo entienden ahora?


                                       



5. DOS HOMBRES Y UN DESTINO, DE BURT BACHARACH

Dejamos el jazz puro y duro. Es hora de correr un poco. Por ejemplo, con esta exquisita Southamerican Geataway de la banda sonora de Dos Hombres y un Destino. Ya ha aparecido en este blog, pero nunca es demasiado para hablar de Burt Bacharach, acaso el inventor del pop. Bacharach escribe una partitura vibrante, siempre en movimiento, como los personajes de este (demasiado) elegante panegírico de dos buscavidas: Butch Cassidy (Paul Newman) y The Sundance Kid (Robert Redford). Una música tan cool como los propios personajes. 


                                      



6. EL CASO THOMAS CROWN, DE MICHEL LEGRAND

¿Se puede tener más clase que Steve MacQueen en El Caso Thomas Crown? ¿Dónde diablos se compró esa camisa turquesa? En fin, ¿se puede tener más clase que Michel Legrand componiendo la música para El Caso Thomas Crown? Tiene 46 años, pero parece compuesta ayer mismo. Clase y ritmo a toneladas. 


                                      



7. BULLITT, DE LALO SCHIFRIN

Tercera (y última vez) que Steve Macqueen aparece en el post. MacQueen era un animal en todos los sentidos, pero vestía unos trajes de la leche. Quizás estuviera mejor con camisas de leñador, ahí debe decantarse el sector femenino. Pero su carisma y su imagen de hombre libre atraía partituras tan demoledoras como esta de Lalo Schifrin para Bullitt. Un clasicazo que parece inmiscuirse como un sónar en la enrevesada trama delictiva de la película, una de las grandes del cine de acción, con una persecución final de once minutos (!) que es el despiporre, con coches volando por las empinadas calles de San Francisco. Schifrin, un argentino poniéndole música a los bajos y los altos fondos de Frisco. Formidable. Por cierto, ¿Dónde se compraba MacQueen los cisnes azul Prusia? ¿Dónde?


                                        




8. UN HOMBRE Y UNA MUJER, DE FRANCIS LAI

Cuando existían las discotecas y yo iba a ellas, en el momento en el que el personal estaba más o menos caliente y el percal visto y revisto, el pincha ponía "las lentas", que eran un bajón. Era como un rito de iniciación bantú, de esos en los que un chaval es abandonado en la jungla de noche, con los leones rugiendo por todos lados. Vamos: aquello era una prueba de fuego, tanto como el juego de las sillas. Había que salir zumbando hacia la chavala que te gustaba, antes de que te la quitara otro más guapo, o más alto o, lo peor de todo: mayor que tú. Contra los mayores no había nada que hacer. Pues en aquella (interminable) sesión de "lentas" hubiera tenido cabida este eterno dabadabada de Francis Lai para Un Hombre y Una Mujer. Qué guapa está Anouk Aimée, ¡madre! Y qué buena es la película. Qué condenadamente buena. 




9. PETER GUNN, DE HENRY MANCINI

Permítaseme la licencia. Porque Peter Gunn no es una película, sino una serie de TV pero, ¿cómo dejar fuera este tema inconmensurable de Henry Mancini? Un tema que todas las orquestas deben tocar alguna vez y que todos los bares deben pinchar alguna vez. Puro desenfreno de Henry Mancini, el hombre que parecía componer sobre quinientos cojines de plumas de ganso. Pura clase. 




10. LAS VÍRGENES SUICIDAS, DE AIR

Terminamos la sesión con cierto bajón. Es hora de cerrar y siempre hay decadencia en el ambiente. Pues terminemos con una música decadente para una película decadente: Las Vírgenes Suicidas de Sofia Coppola. Recuerdo lo muchísimo que me gustó al verla en el cine, con una poesía visual y argumental desbordante, y lo poco que me gustó el otro día en la tele, con tics pijos y superficiales. Vamos, como de Sofia Coppola. En todo caso, la partitura del dúo francés Air es fantástica para terminar. 




COROLARIO

Salgan por la noche. Todo es más divertido. Vayan a los bares. Y exijan que les pongan temas, si es que el pincha no sale con una ballesta de clavos a repelerle. Ah! y vayan al cine, diantres.