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martes, 12 de mayo de 2015

10 GRANDES BANDAS SONORAS DE LA HISTORIA (CAPÍTULO 3)

INTRODUCCIÓN

Bueno. Volvemos a las andadas, y lo hacemos con algo que parece que os gusta mucho: las bandas sonoras. Me congratulo de que os guste algo tan  consustancial al cine. Sí, es cierto, hay bandas sonoras que destrozan películas. Otras, simplemente sobran. Pero las grandes, las grandes de verdad, pasan a la historia e, incluso, trascienden de la propia película. Como en su día dijeron Faemino y Cansado: "Una banda sonora es la música que mejora una escena de mierda". Pues eso. Vamos con una nueva selección, como siempre, a vuelapluma y sin orden.


1. ESPARTACO, DE ALEX NORTH

Un señor que le puso música a ese intento imposible que es hacer una película sobre una de las mejores novelas de todas las épocas, Bajo el Volcán de Malcolm Lowry, tiene que estar en esta selección. A mí las música festivaleras de North no me gustan. Hombre, hacer poco menos que un vals para una película como Las Sandalias del Pescador, en la que un papa ruso (!!) evita la Tercera Guerra mundial, es un despropósito. Sin embargo, North tiene partituras tan vibrantes y truculentas como las de Un Tranvía Llamado Deseo o ¡Viva Zapata! que no vean cómo suenan. 
Sin embargo, la grande de verdad es Espartaco. Espartaco es una película extraña. Para empezar, algunas escenas están dirigidas por Anthony Mann y otras por Kubrick (si se fijan, se nota). Ya saben, Kubrick debutó con Espartaco después de sustituir a Mann por desavenencias con la productora. Kirk Douglas, el antihéroe por excelencia (para extrapolarlo, diríamos que ahora sería Sean Penn), interpreta a un héroe. Y cómo. Rabioso, sensible, melancólico, tierno, imperturbable, enérgico... la interpretación de Douglas es memorable (como casi todas las de Douglas). Espartaco no es un peplum. Dalton Trumbo no podía escribir una de romanos. Más bien, es una historia sobre el orgullo, sobre lanzarse en tromba hacia la derrota. Da igual que se desarrolle en el siglo I antes de Cristo que en la actualidad. No es una película de género. Y luego está la música de North. También es rara. Maravillosamente rara. ¿A quién se le ocurre aderezar un entrenamiento de gladiadores con algo tan parecido al jazz como esto?




Esta mezcla entre Stravinsky y el jazz es, para que lo entiendan, como si en una película de época que se rodase en la actualidad sonase música electrónica. Un hallazgo que remarca el encarnizado combate de gladiadores.

Y luego, como no podía ser de otra manera, está el tema de amor entre dos esclavos, dos perdedores que, como se dice en la película, "pueden ganar". Espartaco y Lavinia. Kirk Douglas y una bellísima Jane Simmons. No es un tema de amor al uso. No es meloso ni bobalicón. Es, cómo decirlo, casi extraterreno. De una belleza que hace daño. Es, simplemente, memorable.




Por cierto, Alex North estuvo quince veces nominado al Oscar. Nunca ganó. Pero, como dirían en nuestro blog hermano, El Cine por Montera, "ni falta que le hizo".


2. ANATOMÍA DE UN ASESINATO, DE DUKE ELLINGTON

Las películas de Otto Preminger rezuman clase. Técnicamente son maravillosas y narrativamente tienen ese amor por la interpretación que el director de origen ucraniano tuvo desde la adolescencia. Preminger siempre conseguía excelentes interpretaciones. Véase, mismamente, las de James Stewart y la inconmensurable Lee Remick en Anatomía de un Asesinato. Por estar, está bien hasta Ben Gazzara, que ya es decir. 
El Duque escribió una partitura vibrante y anómala. El jazz solía ser una música incidental en el cine de los 60, pero no el sustento principal. Tanta clase como la de una película soberbia.


                                      



3. LA LEY DEL SILENCIO, DE LEONARD BERNSTEIN

Leonard Bernstein, el magnífico compositor y, sobre todo, director de orquesta, no se prodigó en el cine. De hecho, sólo compuso las músicas de West Side Story (las letras son de Stephen Sondheim)y Un Día en Nueva York, y la banda sonora que nos ocupa. Pero, caray, para ser su única banda sonora, menudo trabajo le salió. La partitura de La Ley del Silencio es un auténtico ballet. Como toda la película. Las actuaciones son de una riqueza gestual y física tal que podría verse sin sonido. Así es la música que las adereza. Pesada, turbulenta, huele a acero y a humo. Huele a épica. 


                                       



4. EL CASO THOMAS CROWN, DE MICHEL LEGRAND

Michel Legrand es un músico todoterreno. Se inició en la música clásica, se pasó al jazz, fue cantante de la chanson francesa, flirteó luego con la música electrónica (llegó a acompañar a Björk en directo) y dejó su sello en bandas sonoras memorables. Su sobrina, Victoria, es la cantante de Beach House, grupo adalid del dream pop y cuyas composiciones recuerdan a las del músico parisino. 
Legrand firmó, por ejemplo, la maravillosa partitura para Verano del 42, pero yo me quedo con la clase desbordante de El Caso de Thomas Crown, la primera, la buena, la de Steve McQueen y Faye Dunaway. 
Todo en la fantástica película de Norman Jewison parece cubierto por una capa de terciopelo. Hay que ver cómo visten los protagonistas, la sofisticación de cada escena. La de la partida de ajedrez es para morirse. Una fotografía elegantísima de Haskell Wexler y, cómo no, la partitura de Legrand tan nueva, tan briosa, que parece haber sido compuesta ayer mismo.


                                 


Por cierto, la banda sonora incluye una canción que ganó el Oscar. The Windmills of your Mind.


                                 




5. UN LUGAR LLAMADO MILAGRO, DE DAVE GRUSIN

Nos está quedando bastante jazzy esto. Porque Dave Grusin es uno de los grandes pianistas y teclistas de jazz de los últimos tiempos. Sus incursiones en el cine también han sido muy celebradas. Recuerdo, a bote pronto, la gran partitura que compuso para Los Fabulosos Baker Boys. 
Sin embargo, en Un Lugar Llamado Milagro abandona su compostura habitual. En este caso, Grusin firma una partitura con toques latinos, alegre e íntima, tierna y bella. Una banda sonora que enriquece la película de Robert Redford, ya de por sí tierna e íntima, sobre un granjero de Nuevo México que le roba el agua a una constructora que quiere enladrillar el pueblo en el que vive.


                               



6. ROMEO Y JULIETA, DE NINO ROTA

Una de las bandas sonoras más bellas de la historia. Desgarradoramente romántica, casi hasta el paroxismo, trágica como la propia historia ideada por Shakespeare, el paradigma del amor imposible, quizás el único que valga la pena en este mundo. 
Como era norma en su irrepetible colaboración con Fellini, Rota compone para Romeo y Julieta una partitura que parece salir de otra dimensión, de un lugar mejor que este, en el que la belleza es el único sentido de la existencia. 


                                   


La adaptación de Franco Zeffirelli es, probablemente, la peor que se haya hecho del clásico de Shakespeare. Blanda, cursi y bobalicona, como casi todas las películas de Zeffirelli, director de cámara del Vaticano. Esta Romeo y Julieta se recordará por el descubrimiento de la bellísima actriz argentina Olivia Hussey, que luego se perdió en la neblina del tiempo, y por la inconmensurable música de Nino Rota.


                                     



7. LOS NIÑOS DEL BRASIL, DE JERRY GOLDSMITH

El horror de los experimentos genéticos del doctor Mengele, el tótem del nazismo, encontró primero eco en la novela de Ira Levin y luego en la adaptación cinematográfica de Franklin J. Schaffner. Con Gregory Peck como Mengele, la historia (verídica) cuenta como los nazis refugiados en Paraguay intentan establecer un cuarto Reich nada menos que clonando a Hitler. 
Para un argumento tan truculento, Jerry Goldsmith escribe una partitura valsística y circense que parece desentonar, en un primer momento, pero que a la segunda escucha adopta un bies inquietante. Una joya de la historia de la música para películas, banda sonora de culto para los frikis del tema.


                                     



8. BUSCANDO NUNCA JAMÁS, DE JAN ANDRZEJ PAWEL KACZMAREK

Vuelven los polacos a este rincón. Y es que los polacos son harina de otro costal. Su formación clásica siempre deja su huella en unas composiciones vanguardistas. Son híbridos raros, partituras diferentes, que no suenan como las comunes. Kaczmarek hace que Chopin reviva en esta banda sonora que plasma en música toda la magia y el drama de James M. Barrie, el torturado autor de Peter Pan. Una banda sonora deliciosa, casi casi sanadora. Memorable. 


                                     



9. ENRIQUE V, DE PATRICK DOYLE

Si antes nos deteníamos en una de las peores adaptaciones al cine de una obra de Shakespeare, ahora nos relamemos ante una de las mejores: el Enrique V de Kenneth Brannagh. Fantástica película, catalogable de obra maestra. Aún me estremezco con el discurso final del propio Brannagh antes de la batalla de Agincourt.
Si grandiosa es la película, grandiosa es su banda sonora. Patrick Doyle firma una partitura épica y solemne y, como cima, una tema que, si lo oigo antes de una batalla, salgo a morder. A la altura de la Pompa y Circunstancia, de Elgar. Espeluznante.


                                   



10. TAXI DRIVER, DE BERNARD HERRMANN

Permitanme terminar este repaso con una debilidad propia. Si ya de por sí es emocionante escuchar la banda sonora de Taxi Driver, deben tener en cuenta una cosa: Bernard Herrmann falleció justo la noche en la que terminó de grabarla. Era la Nochebuena de 1975. Herrmann sólo tenía 64 años, aunque parecía un anciano. Orondo, agotado aunque, curiosamente, con un ascua de esperanza en el horizonte. Porque Taxi Driver era la película perfecta para Herrmann. El compositor neoyorquino plasmó como nadie la locura, la obsesión, la ira.. porque así era él mismo. 
Siempre he creído que Herrmann no se basó en el tortuoso personaje de Travis Bickle para escribir la partitura. Por alguna extraña razón, Herrmann sabía que su muerte estaba próxima y que sería su último trabajo. Así que me gusta pensar que la banda sonora de Taxi Driver es, en realidad, la banda sonora de la vida de Bernard Herrmann. Que el desequilibrio y la soledad que transmite la música no son las de Travis, sino las del propio compositor.


                                   


La apocalítica película de Scorsese se quedaría en un ejercicio de cine indie si no fuera por la colosal música de Herrmann. El canto del cisne del mejor compositor de música para cine de todos los tiempos y uno de los grandes músicos del siglo XX. Un día vendrá una lluvia que lo arrastrará todo. Limpiará las calles. Limpiará esta ciudad. 


                                   





viernes, 17 de octubre de 2014

(OTRAS 10) DE LAS MEJORES BANDAS SONORAS DE LA HISTORIA

Regreso en esta bitácora a la música de cine. A lo erróneamente llamado banda sonora porque, como ya sabéis, ese término engloba todo el espectro sonoro de una película, no sólo a la música. 
Hace unos meses repasaba diez de las que, en mi opinión, son las mejores composiciones para película de la historia. Hay tres factores que conforman la elección: primero, que me emocione. Segundo, que subraye el mensaje que transmitan las imágenes e, incluso, lo mejore. Y, tercero, que funcione como una composición independiente cuando la escuchamos. Las diez músicas originales que he seleccionado esta vez cumplen con estas tres premisas. Espero que a vosotros también os gusten y que os acompañen en estos días de otoño cotidianos y confortables, bellos y desesperados.
Al lío.

1. "EL FANTASMA Y LA SEÑORA MUIR", DE BERNARD HERRMANN

De nuevo el genial Herrmann intentando componer una sinfonía independiente a la película. La magia del asunto es que se acopla como un mecanismo de relojería a la acción de la película. Nadie como Herrmann tradujo a música los procesos mentales: el miedo, la angustia, el concepto de belleza, el enamoramiento. Y si no, escuchad esta música etérea, como surgida de otra dimensión. ¿Qué os sugiere?



El Fantasma y la Señora Muir, quizá la mejor película de Joe Manckiewicz, es pura poesía en movimiento. Rex Harrison es el espíritu atrapado en una casa a la que se muda Gene Tierney y su hija. La historia es de enjundia: mujer y fantasma se enamoran (!) y el espectro le dicta a la señora Muir sus memorias. Una exquisitez que Bernard Herrmann tradujo a música en una banda sonora para la historia.





2. "GIULIETTA DE LOS ESPÍRITUS", DE NINO ROTA

Seguimos con fantasmas. Aunque en el caso de la película de Fellini, no tan carnales como el que interpreta Rex Harrison. Los demonios de una mujer engañada por su marido, atrapada en los traumas de su infancia y engatusada por videntes para autoexorcizarse se desbocan en este film extraño y que, a todas luces (y declarado por el propio Fellini) es la historia de su propia vida junto a Giulietta Masina. Esta película bizarra y cien por ciento felliniana tiene una banda sonora bizarra y cien por ciento marca de la casa de Nino Rota. Entrañable, delicada, circense, tortuosa... la música de Rota cabalga por los meandros mentales de una mujer que quiere volver a la vida. 




3. "EL LEÓN EN INVIERNO", DE JOHN BARRY

Antes de dulcificarse hasta el almíbar con músicas para películas épico-románticas, John Barry era un excelente músico de jazz (él creó el inmortal tema para las películas de James Bond) y solía ser especialista en musicar la vida de personajes tan torturados, por ejemplo, como los de Cowboy de Medianoche o, el caso que nos ocupa, Leonor de Aquitania. La contundente película de Anthony Harvey nos narra un hecho crucial en la historia de Inglaterra. Eduardo II libera por Navidad a su esposa, la colérica, dura e inclemente Leonor, recluida en una torre. Discuten sobre quién sucederá al rey: el cruel Juan o el corajudo Ricardo. Ya saben la continuación, con guerra civil incluida. Leonor era Katherine Hepburn. Sus ojos maquiavélicos seguramente inspiraron a Barry esta fanfarria inmortal.


                                       




4. "LA PROFECÍA", DE JERRY GOLDSMITH

¿Que Jerry Goldsmith plagia? Quizás este eterno Ave Satani se parezca demasiado al tema principal de El León en Invierno (en realidad ambos plagian a Prokofiev, pero esa es otra historia). ¿A quién le importa? sigue siendo la música de terror por antonomasia. 


                                     


En efecto, la banda sonora de Goldsmith para La Profecía es antología pura de la música de terror. Sin embargo, tanto la película como la partitura ofrecen dos lecturas, como todas las buenas películas: por un lado, el advenimiento del anticristo en forma de un niño nacido de una loba en Roma y adoptado por un diplomático norteamericano que aspira a ser presidente del gobierno. Damien crece y, diablos, es el mismísimo Lucifer. Hace la vida imposible a todos los que le rodean, va acompañado de un perro negro aterrador, provoca el pánico entre los mandriles del zoo, lleva el 666 tatuado en el cuero cabelludo y, en definitiva, no le tiembla el pulso a la hora de quitarse de en medio a todo el que intente impedir que llegue a dominar el mundo. Pero luego está la parte sentimental de la película: la degradación de una familia cuya esposa (la gran, gran Lee Remick) no puede fecundar hijos y que se deja mecer por la opulencia y las ínfulas de poder. Así que, para ellos, Damien es su hijo amado. Y las notas de Goldsmith subrayan esta ternura.


                                    



5. "LA SEMILLA DEL DIABLO", DE KRZYSZTOF KOMEDA

Otra de terror y otra joya de la música para cine. Komeda dejó la medicina para convertirse en compositor de jazz y, eventualmente, el compositor de cabecera de sus paisanos Wajda y Polanski. Con este último alcanzó su cima con La Semilla del Diablo, la película que más se acerca a los ritos satánicos de las que se hayan filmado nunca. De hecho, todo el grupo de vecinos del matrimonio protagonista no son actores sino auténticos miembros de una logia satánica. Pero están tan tan tan bien, que hasta Ruth Gordon, la lideresa del grupo, ganó el Óscar a la mejor actriz secundaria, que tiene bemoles la cosa. Komeda logra, en una banda sonora casi minimalista, con unos sonidos que nos transportan no a Nueva York, sino a las calles de Varsovia en los 60, a recorrer los vericuetos mentales de Rosemary Woodhouse, feliz por la vida que parece esperarle (con una acomodada posición económica y un niño en sus entrañas), pero que poco a poco, como una metáfora de un mundo que se derrumba (la película es de 1968) sucumbe a una sociedad que no tolera la belleza. 


                                  


Ya sabéis que La Semilla del Diablo es una película maldita. Se rodó en el edificio Dakota, donde residía John Lennon y a cuyas puertas fue tiroteado el 8 de diciembre de 1981. Poco después de su estreno la banda de Charles Manson asesinó a la mujer de Polanski, Sharon Tate, que estaba embarazada... Komeda tampoco se libró de la maldición. Al año de componer esta obra de arte sufrió un estúpido accidente de coche y se despeño cerca de su casa en California. ¿Sabrá Ruth Gordon algo de todo esto? 


6. "AZUL" DE ZBIGNIEW PREISNER

De un compositor polaco a otro: de Komeda a Zbigniew Preisner. Preisner fue la punta de lanza de una pléyade de compositores polacos (entre los que están Killar o Kaczmarek) que aderezaron su extensa formación clásica con formas modernas de entender la música. Sus partituras siempre suenan a frío, a nieve, a soledad y a muros que se caen. Personalmente, detesto Azul. Kieszlowski se puso de moda entre los niños bien de mi generación. Quizá por eso no trague su aparatosidad vacua, pero tengo que volver a verla. Quizá cambie de opinión. Pero, caray, este Himno para la Reunificación de Europa de Preisner ya está en los anales de la historia de la música de cine. 


                                




7. "LAWRENCE DE ARABIA", DE MAURICE JARRE

Caigo, no sin sorpresa, en que aún no había seleccionado Lawrence de Arabia. Hago acto de contrición y me regocijo en esta banda sonora colosal, como toda la película. Lawrence de Arabia no sólo es una de mis películas, sino una obra de arte que trasciende los límites del cine. Es filosofía, escultura, pintura, y también música. En puridad, la película de David Lean es la mejor de la historia. Otra cosa es lo que le transmita a cada uno. Todo funciona como un reloj, nada sobra, todo es pertinente, y así la banda sonora de Maurice Jarre, íntima y grandiosa a la vez. Un canto a la dignidad del ser humano. 


                                 



8. "REBELIÓN A BORDO", DE BRONISLAU KAPER

Parece que la cosa hoy va de polacos. No es intencionado. El más veterano de los que han aparecido hoy aquí es Bronislau Kaper, un clásico de la música de cine de aventuras. Su partitura para Rebelión a Bordo, la más popular de las versiones del Motín de la Bounty que se han rodado (con Marlon Brando y Trevor Howard) tiene el nervio y la grandiosidad que merece la acción. Escucharla es verse surcando los mares (la música tiene hasta textura y color) y también mascar la tensión que crece a bordo. Una joya.


                                    



9. "RECUERDA", DE MIKLOS ROZSA

Es curioso, pero la más "hermanniana" de las bandas sonoras para películas de Hitchcock no es de Bernard Herrmann sino de un húngaro (en este caso nos movemos un poquito) llamado Miklos Rozsa. Como Herrmann, Rozsa penetra en la psique humana pero lo hace de una manera mucho menos tortuosa y más sinfónica. Este tema para Recuerda es la antonomasia del romanticismo. Y eso que la película tiene miga. Ya saben: amnesia, Freud, un crimen, Ingrid Bergman... una película colosal con una música colosal. 


                                    



10. "LUCÍA Y EL SEXO", DE ALBERTO IGLESIAS

¿Cómo? ¿Una banda sonora española entre las mejores de la historia? Pues sí. A Alberto Iglesias nunca le perdonaré el haber usurpado el puesto del gran Bernardo Bonezzi como compositor de cámara de Almodóvar. Sin embargo, creo que sus trabajos con Almodóvar están entre los peores de su carrera (salvo, quizás, La Piel que Habito). Sin embargo, Iglesias es lo más parecido a un genio que tiene la música española. Su partitura para la película de Médem es, sencillamente, la belleza en todo su esplendor. Iglesias firma todo un himno de las cosas pequeñas. Y eso tiene un nombre: grandiosidad.


                                   













miércoles, 12 de febrero de 2014

LAS (PRIMERAS) DIEZ MEJORES BANDAS SONORAS DE LA HISTORIA

INTRODUCCIÓN


No me gustan las bandas sonoras que parece hechas por un robot. Dos o tres acordes, un subidón cuando la escena llega al clímax, y luego algo que está muy de moda últimamente: la combinación de flauta y cuerdas, ya sea para la historia de un indio que lucha por mantener su tribu a flote, ya para un trasatlántico que se hunde. A mi me gustan las bandas sonoras que hablan, que aportan cosas, que son parte del hilo argumental. Me gustan las bandas sonoras que expresan lo que ni los guionistas, ni los directores ni los actores pueden expresar. Son esas partituras que transfiguran una idea abstracta, imposible de expresar físicamente, en algo bello, terrible, emocionante o triste. Son la línea extra del guión.

Dicho lo cual, comprenderéis que lo de escoger las diez mejores de la historia es una boutade. Es ridículo. Así que de vez en vez, bajo este estentóreo epígrafe, iré poniendo las bandas sonoras que me han contado taaantas cosas a lo largo de mi vida. Y espero que vosotros también participéis y hagáis fosfatina mis elecciones. Comenzamos.

1. VERTIGO, DE BERNARD HERRMANN

Las enrevesada e intrincada mente de Hitchcock encontró su émulo perfecto en Bernard Herrmann, un judío atormentado, que llegó a romperle un violín en la cabeza a un profesor que le había suspendido en el conservatorio, y por cuyo cerebro privilegiado circulaba la misma visión vital que la del director londinense. Allí donde Hitchcock no llegaba para expresar su mezquindad, Herrmann ponía su música como si de un actor más se tratase. 

En Vértigo la simbiosis es total. Ya desde los desquiciados títulos de crédito, que Herrmann remarca con una melodía obsesiva que avanza una historia delirante pero tan bella. 


Sin embargo, la música de Vértigo es, en mi opinión, la mejor jamás compuesta para una película por su belleza. A Herrmann se le ha acusado de plagiar, o inspirarse demasiado, en Wagner. Es cierto. La Scene D'Amour es absolutamente wagneriana. Sin embargo, tiene algo de desolación, de perdición, de rendirse definitivamente a lo bello, que Wagner no alcanza. Se detiene en una mañana esplendorosa de verano, en los jardines en flor, en los cielos límpidos, en la calma en la ciudad. Las cuerdas tremolan, porque el corazón tremola, y luego la música estalla en unos fuegos artificiales con el arpa subrayándolo todo. Y, creo, nunca se ha expresado el amor tan puramente como en esta Scene D'Amour de la irrepetible Vértigo de Alfred Hitchcock. Música de Bernard Herrmann. 



2. DRÁCULA, DE WOJCIECH KILLAR

Recuerdo haber visto Drácula de Bram Stoker // Coppola en los lamentablemente desaparecidos cines Hollywood de Gijón. Era una tarde de febrero de hace exactamente veinte años. Las colas eran largas, así como también la decepción a la salida. A mí, la película me desenganchó a los veinte minutos (curiosamente, mi opinión de la película ha cambiado a mejor con el paso del tiempo). Aquello que veía en la pantalla me parecía artificial, pasado de efectos y, sobre todo, desequilibrado: ¿Qué podían hacer Winona Ryder o Keanu Reeves ante el talento de Gary Oldman? Sin embargo, hubo algo en la película que me sacudió: su música. Estrepitosa por momentos, lánguida, romántica, nostálgica... Durante la proyección, estuve convencido de que era obra de Jerry Goldsmith, pero esperé a los créditos. Erraba: era de un tal Wojciech Killar. Polaco, de formación exquisita, Killar falleció el pasado 29 de diciembre. Y en el zurrón puede llevarse esta obra maestra de la música de cine, que empieza así:


Sí, lo sé, suena al Marte, de Gustav Holst, pero como muchas otras bandas sonoras. ¿Verdad, John Williams?


Sin embargo, la música de Killar es de una riqueza instrumental extraordinaria. Alguien, con más conocimientos y paciencia que yo, debería contar cuántos instrumentos suenan en la pieza. Escuchándola, parece que viajamos a través de los bosques de Transilvania. Vemos volar sobre los árboles el dolor de Drácula, su nostalgia romántica. Lo vemos urdir su plan de recuperar lo que fue suyo y dejar atrás una eternidad de sufrimiento.
En la partitura de Killar se mezclan dramatismo, terror (con esos susurros de fondo, que aconsejo no escuchar con auriculares, de noche, y en una habitación vacía), amor, ese amor más allá de lo tangible, el amor del alma. 



La banda sonora de Drácula alcanza cotas de belleza singulares. De formación clásica, Killar compone una sinfonía con entidad propia, que puede escucharse con independencia de la película. Cada personaje, un instrumento. Cada elemento que participa en la escena, un instrumento. Un goce para los sentidos.


3. MATAR UN RUISEÑOR,  DE ELMER BERNSTEIN

No puedo hablar objetivamente de Matar un Ruiseñor. Es una de mis películas preferidas y la puedo ver una y otra vez sin cansarme. Robert Mulligan traslada a la pantalla de manera excepcional esa nostalgia de los días perdidos, esa melancolía del paraíso que fue y nunca será ya, que transpiran las líneas de la novela de Harper Lee. También esa admiración, rayana en la pasión, por su padre, Atticus Finch, un inmenso Gregory Peck, abogado atormentado, herido por la (inexplicada) muerte de su esposa, y que necesita redimirse. 
Elmer Bernstein (que no tiene nada que ver con Leonard), capta esa esencia nostálgica y la eleva a cotas de una belleza sin igual. ¿O es que acaso no son los créditos de Matar un Ruiseñor los más bonitos de todos los tiempos?


                                 


Matar un Ruiseñor nos habla de tantas cosas... de las segundas oportunidades, del valor, de la lealtad, de la esperanza, y, sobre todo, de la valentía de rasgar el pesado velo de la realidad, de lo que nos viene impuesto, y descubrir la hermosa verdad que hay detrás. Bernstein escribe una partitura que comienza con un piano, dulce, efervescente. Alguien recuerda. De repente, un arpa tímida y dos clarinetes: la memoria encuentra lo que estaba buscando. Y es tan hermoso...




4. AMARCORD, DE NINO ROTA

He estado tentado a no poner Amarcord en mi lista. Porque Amarcord es MI película. Nadie ha sabido desentrañarme y ofrecerme múltiples posibilidades vitales como Fellini. Y la música de Rota es, simplemente, un milagro. Como un día dijo el gran Forges, "Si el paraíso existe, la música que debe sonar allí es la de Amarcord". 


                                       

Cuenta el propio Rota que la composición de la banda sonora fue complicada. Todo lo que conseguía arrancar de su piano eran melodías infantiles, pacatas y cursis. Un día, como en trance (algo muy Felliniano) esbozó un par de notas. Fellini, que ya abandonaba el estudio en frustración, se quedó absorto. "Nino, eso es lo que quiero", le dijo a su alma mater. Así nació una de las partituras más bellas que ha dado la historia del cine. Nostálgica en su justa medida. Dolorosa y tierna al mismo tiempo. Como una especie de viaje en el tiempo para poder abrazar otra vez a los amigos de la infancia, que recorren punzantes los vericuetos del cerebro de Fellini. 


                                      


5. LA ÚLTIMA TENTACIÓN DE CRISTO, DE PETER GABRIEL

Nunca le agradeceremos lo suficiente a Peter Gabriel que abandonara Genesis por aburrimiento y porque William Friedkin le había propuesto componer la banda sonora de El Exorcista (como todos sabéis, al final se usó el Tubular Bells de Mike Oldfield). Desde aquel jubiloso día, el flautista de Surrey ha brindado al mundo una plétora de obras maestras. Baste recordar su maravilloso album So, un hito en la historia de la música pop. La música para La Última Tentación de Cristo es una historia de valentía. Scorsese supo que Gabriel andaba inmerso en un disco de World Music y le propuso poner música a esta historia que no es sobre Cristo, sino sobre un hombre atado a un destino, que sufre, que rechaza ser quien es, que busca y que finalmente asume su propio fracaso. Gabriel escarba en la mente de ese hombre al borde de la locura con una partitura vibrante, tan alejada de las habituales bandas sonoras sobre la vida de Jesús. El resultado es miel para los oídos.



La nómina de músicos que participan en la banda sonora es interminable. Gabriel reclutó a la flor y nata de los músicos de oriente y África para componer una música que huele a desierto y a sudor, a sufrimiento y a pasión. Hasta treinta instrumentos distintos, todos ajenos a la cultura occidental, pueden oírse en un trabajo que, en un primer momento se publicó como independiente a la película, bajo el título de Passion. La riqueza de la música de Gabriel es infinita. Podemos encontrar desde música palestina hasta algo parecido al cante jondo, aquí en la voz de Nusrat Fatteh Ali Khan.


6. LA HIJA DE RYAN, DE MAURICE JARRE

¿Cómo elegir una banda sonora de entre las colaboraciones entre David Lean y Maurice Jarre? ¿Cómo decidir si Lawrence de Arabia es mejor que Doctor Zhivago, La Hija de Ryan o Pasaje a la India? Después de horas de meditación, he escogido La Hija de Ryan. ¿Por qué? No tengo ni idea. Quizás a Lawrence de Arabia le sobre un poquito de épica. Quizá la monumental Doctor Zhivago dependa demasiado de el Tema de Lara. La Hija de Ryan, en cambio, adereza la película más personal de Lean, que ya es decir. Esa mecánica de epifanías sobre la que Lean cimienta sus películas, la naturaleza que nos habla, nuestro interior que despierta, una luz que nos avisa de que algo va a pasar, encuentra eco en esta partitura extraña, truculenta por momentos, pero de una belleza que parece proceder de otra dimensión.


Amanece. La maravillosa fotografía de Freddie Young nos muestra unos acantilados. El mar se rebela. El sol se filtra entre las nubes. Y Maurice Jarre nos avisa de que algo está a punto de suceder. La partitura combina la magia de lo que está por llegar (la escena en la que Robert Mitchum regresa al pueblo y se cruza con Sarah Miles en la playa es el mejor ejemplo que he visto de cómo funcionan los entresijos del amor) con la pasión, la culpa, la traición... sólo un pero: en ocasiones parece que la acción de la película y la música van por caminos separados pero, ¿qué más da?



7.  CINEMA PARADISO, DE ENNIO MORRICONE

Tuve la enorme suerte de asistir a un concierto de Morricone. Fue el pasado julio en las Termas de Caracalla de Roma. Nunca le perdonaré no haber interpretado Cinema Paradiso. Morricone siempre ha sido un discreto director de orquesta, pero un titán en la composición. Morricone cambió el concepto de música para cine con sus colaboraciones con Sergio Leone. De hecho, he estado tentado a poner en mi lista Hasta que Llegó su Hora, otro hito de la música para cine. Pero he elegido Cinema Paradiso por cuestiones cutáneas, porque me hace llorar siempre que la escucho. Porque nadie ha expresado nunca de manera tan perfecta el amor por las pequeñas cosas.


La historia de Totó y Alfredo siempre permanecerá en nuestros corazones como sinónimo de belleza, de amistad, de generosidad y de una vida, la de ese proyeccionista que se queda ciego por un incendio en la cabina donde trabaja, que merece ser contada. Una de las grandes grandes películas europeas de los últimos tiempos con, quizás, uno de los finales más maravillosos que recuerdo, sazonado con este inmortal canon de Morricone, que va in crescendo como nuestras lágrimas.



8. DOS HOMBRES Y UN DESTINO, DE BURT BACHARACH

¿Es Burt Bacharach el inventor del pop? Bien, puede ser. Desde los Beatles a Oasis han interpretado temas suyos. Bacharach cambió la música americana al fusionar jazz y música popular. En Dos Hombres y un Destino firma una partitura trepidante, acorde al ritmo de la película, siempre en movimiento, siempre hacia adelante (¡qué montaje el de John C. Howard y Richard Meyer!). Además, la música de Bacharach es tan cool como las interpretaciones y los personajes de Paul Newman (Butch Cassidy) y Robert Redford (The Sundance Kid), ambos en la plenitud de su carrera. 


                                        

La música de Bacharach es moderna, arriesgada, y va más allá de Raindrops Keep Falling on my Head, la (maravillosa) canción del propio Bacharach que siempre irá ligada a la película.


                                         


9. CHINATOWN, DE JERRY GOLDSMITH

¿Se puede plasmar en música el misterio y la locura del amor como lo hace Jerry Goldsmith en Chinatown? Mi respuesta es no. Un Goldsmith en estado de gracia escribe una partitura sensual y melancólica, con esa trompeta lastimera que recorre los instantes indescifrables entre dos miradas, dos caricias o el aire que deja tras de sí la derrota. 

             
                                       

Esta maravillosa historia de traiciones, corrupción y amor, violenta (aunque no se dispare ni una bala hasta el final de la película), embriagadora, romántica... uno de los grandes títulos del cine negro de todos los tiempos, tiene su correlato en una banda sonora brillante e inolvidable. 


                                         


10. GRUPO SALVAJE, DE JERRY FIELDING

Jerry Fielding, habitual compositor de la música de las películas de Sam Peckinpah, alcanza con Grupo Salvaje su culmen. Música minimalista pero inquietante, nos avisa de toda la violencia que está a punto de desatarse. Inolvidables los créditos, con la cámara deteniéndose en cada uno de los miembros del Wild Bunch, mientras la percusión y las notas largas y nerviosas de Fielding subrayan el carácter de unos hombres que saben que van a morir, pero también que van a luchar. 


                                       


Corolario

Estos son mis principios, pero es posible que la semana que viene sean otros. Espero que hayáis disfrutado de la música y del cine. Eso es lo esencial.